Charla de Gustavo González sobre su estadía en AFRICA y ASIA

DIARIO DE VIAJE

En realidad, cuando desarrollamos estos temas en nuestras discusiones con la gente, explicando que el modelo cooperativista nació, en definitiva, para dignificar la vida de la gente en lugar de adaptarse “a lo que haya”, notamos que lo entienden y, por ello, expresan el querer construir así. Pero la pobreza, junto al olvido y la desolación que se vive en estos países, a espaldas de todo el mundo, es tan grande que el poder ver con “luces altas” no resulta fácil. La inmediatez le gana a cualquier planteo verdaderamente alternativo y revolucionario; de esto, es obvio que los sectores más poderosos se aprovechan. Y de esta tendencia no se salvan pero ni las oenegés supuestamente más “progresistas”, que también terminan planteando estrategias de derrota para la gente y acompañando salidas temporales, blandas, de limitado alcance y carentes de toda fuerza real para mejorar la situación de las mayorías. Y así desearán seguir por décadas, hasta donde aguante la cobija, como dicen en El Salvador.

A nuestro juicio, este es el debate central que el problema de la vivienda en África debe comenzar a plantearse hoy. Luego de años de escuchar sucesivos discursos del mismo corte derrotista y sin profundidad en América Latina, ahora, que África vuelva a intentar justificarnos de cien maneras distintas por qué “no se puede”, solo podemos tener una posición: reafirmar nuestro planteo del “sí se puede”, no solamente porque, por más inhóspito e inadecuado que parezcan los tiempos y sus entornos, apostarle al sí nunca ha sido más urgente e indispensable que ahora. Y reiteramos: sin una incidencia política bien hecha que esté orientada hacia la conquista de los instrumentos políticos indispensables para el desarrollo del modelo (financiación estatal, acceso a tierra y marcos legales favorables), querer resolver el problema de la vivienda es sencillamente imposible.

Natalia Quiñones y Gustavo González