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¿CÓMO SE VIVE EN UN BARRIO PRIVADO?
Investigación doctoral revela que las personas que viven en barrios privados se preocupan por su falta de integración a la sociedad y por la seguridad
Rocco
Foto: Equipo Comunicación FUCVAM

La Trabajadora Social por la Universidad de la República, Magíster especializada en segregación urbana y territorial, con un fuerte interés en investigar “la segregación elegida”, Beatriz Rocco, conversó con El Solidario sobre su tesis que aborda cómo viven las personas en un barrio privado y por qué lo eligen.

Durante su formación de grado, Rocco siempre se interesó por la segregación urbana y territorial. El proceso de expulsión de los y las trabajadoras más vulnerables a la periferia de Montevideo, iniciado aproximadamente entre 1998 y 2011, fue el tema de su primera tesis.

Tras completar su magister en la Universidad de Cataluña, descubrió otro aspecto de la segregación que le resultó fascinante: la segregación elegida. El fenómeno de las personas que habitan en un barrio privado optando por segregarse, separarse o no integrarse a los espacios públicos continuó siendo un eje transversal en su carrera.

“El territorio es una muestra de desigualdades, y también nos revela la historia, la memoria y el patrimonio. Una gran preocupación durante la formación es cómo aprender a leer el territorio, lo que enuncia y denuncia. Podemos tener aproximaciones conceptuales para comprenderlo, pero es un proceso”, resumió Rocco.

Cuando estudió Planificación Territorial y Gestión Ambiental en Barcelona, sus intereses vinculados al urbanismo y la ciudad se hicieron más profundos. Estudió diferentes ciudades en España donde observó y presenció cambios urbanísticos y la expulsión de las clases populares. Se aproximó a otras disciplinas como la geografía, lo que le proporcionó más herramientas para construir un marco conceptual que aplicó a su tesis doctoral.

En su tesis doctoral, en la que estudió cómo habitan las personas que viven en barrios privados como La Tahona y el primer barrio náutico del país- ubicado en San José-, su preocupación siempre estuvo ligada a la segregación territorial en la ruralidad. La pobreza está territorializada y concentrada, y la vulnerabilidad económica se expresa en el territorio con la falta de acceso a oportunidades laborales y educativas.

Rocco volcó sus aprendizajes académicos a través del Proyecto de Extensión "Integral Sujetos Colectivos de Organización Popular" de la Facultad de Ciencias Sociales. Esta iniciativa combina la investigación con el vínculo entre la Universidad pública y la sociedad (extensión). Además, es docente en la asignatura "Especialización en Estudios Urbanos" del Departamento de Trabajo Social para estudios de posgrado.

Tu estableciste que si bien esa elección de vivir aparte, aislados existía, también tenía repercusiones en toda la sociedad. Señalaste consecuencias culturales para todos y todas. 

Claro. Lo que más me preocupó es cómo las personas comenzaron a visualizarse a ellas mismas y a otras. ¿Dónde está el otro? ¿Dónde lo ubico? Quien no vive en un barrio privado, ¿es peligroso? ¿Quién es? ¿Es otro con quien tengo vínculos esporádicos? ¿Me siento hermano, construyo ciudadanía y defiendo bienes públicos?

En los barrios privados algunas cosas se magnifican. Cada vez se identifica más al otro como el peligroso. En un sentido amplio, cada vez somos menos pares en términos de derechos, de integración y de habitar espacios. En ese sentido, si no identifico al otro en igualdad de derechos, no construimos salidas juntos. No defiendo los derechos en conjunto. 

¿Esta forma de habitar comenzó a implementarse con más fuerza en la década del 90?

Con más fuerza en ese momento sí. En mi tesis doctoral tomo solo el estudio del Área Metropolitana. También para estudiar los cambios normativos que han ido habilitando las generaciones. El fenómeno viene desde antes, especialmente en Maldonado. Pero sí, el fenómeno comienza muy fuerte en ese momento. Después no ha parado de crecer. 

Desde la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sostenible, comenzamos a plantear otra forma de entender la ciudad en Uruguay. Pero de igual forma el fenómeno ha crecido. Los controles son mayores, pero no se impide el crecimiento. Hay privatización de espacios públicos y generación de barrios privados. Desde un punto de vista ambiental, social y político tampoco representa un objeto de disputa para los movimientos sociales hoy. Algunos mencionan la gentrificación, otros el derecho a la ciudad o la vivienda, pero la privatización del espacio, no. Capaz que hay vecinos que se organizan cuando les afecta directamente el territorio. Pero no está en la agenda pública, ni política. No es una preocupación fuerte. No sabemos si es porque el fenómeno aún es pequeño o porque no lo vemos como un problema todavía.  

Sin embargo, tiene consecuencias sociales, políticas, culturales y ambientales. Estos barrios requieren una extensión enorme de ciudad, de territorio, porque estos barrios incluyen viviendas de grandes dimensiones. 

Según tu perspectiva, la disputa es por el suelo, entonces. 

Es una disputa por una extensión muy grande de suelo. En general los terrenos son rurales, porque eso vende mucho: el contacto con el verde. El terreno se tiene que transformar y cambiar la tipología a través de la Intendencia. Muchas veces cuestionamos la extensión de la ciudad que implica para los gobiernos departamentales los asentamientos, por llevar servicios, por extender la ciudad. Pero muchas veces destruimos suelo, cambiamos la tipología por una forma de habitar que implica el encierro. Entonces, tenemos que considerar si esto genera costos y si estamos dispuestos a asumirlos. 

Hoy el fenómeno es más manejable que en otros países de América Latina. Pero ¿Qué pasaría si decidiéramos todos resolver la inseguridad aislándonos o encerrándonos?

La seguridad, según establecen urbanistas feministas como Jane Jacobs, no se resuelve con personas encerrándose, todo lo contrario, se hace habitando el espacio público, demandando mejor calidad de ciudad, con servicios y demandando presencia es como siento que la ciudad es un derecho, se siente como propia, y animarme a vivir el conflicto que implica. 

Para tu tesis doctoral tu interés era dialogar con habitantes de barrios privados. Entrevistaste a 19 personas y a desarrolladores inmobiliarios. En una entrevista con Uniradio, estableciste que al intentar investigar, nunca habías hablado o compartido con personas de clase alta y que intentaste evadir tus propios prejuicios. ¿Qué tipo de sensibilidad encontraste? 

En cualquier investigación siempre tenemos preconceptos y prejuicios. Intenté abordar el fenómeno no tratando de hacer que no existen, sino sabiendo que está arriba de la mesa y que son parte. Lo que me resultó más difícil fue llegar a la primera persona a entrevistar. Fue a través de contactos de contactos. Empezar a consultar a las personas ¿conoces a alguien rico? Y, más que ricos, alguien que vive en un barrio privado. 

Luego de los primeros contactos las personas me fueron facilitando contactos. La metodología fue la bola de nieve. También me facilitó decir que el estudio era para la Universidad de Barcelona. Contacté con personas de barrios privados en Montevideo, en San José los vecinos no quisieron hablar conmigo y hablé con los desarrolladores. En los barrios privados hay gente con mucho dinero y gente que no tanto. 

No hay nadie en situación de pobreza, pero sí se empieza a dar un fenómeno de los barrios privados. Porque cuando tienes cubierta la elite tienes que ir a quien está un poco al que esta abajo. Hay clases altas y medio altas. 

Muchos ricos viven en Carrasco y son sectores muy altos. Entonces, hay una porción de la población que elige vivir en un barrio privado que es de elite y otro de elite alta. La elite se te acaba en tres segundos en Uruguay. Si vas un poco más abajo, lo que ves es que la forma de habitar también tiene diferenciales en los barrios privados. 

Es un mercado que llega a la elite y no solo a las clases altas. El principal motivo para vivir en un barrio privado es que quieren tener seguridad y un tipo de vida determinado vinculado al entorno para vivir. 

Se vende como una forma de habitar y como una filosofía de vida que eligen. 

A medida que avanzabas con la investigación, ¿Cuáles fueron tus primeras impresiones? ¿Cómo llegabas a los lugares? 

La verdad es que en todos los casos obtuve mucha apertura. Algunas entrevistas las hice presenciales. Luego, me agarró la Pandemia y otras las hice a través de Zoom. Pero en general, con matices, alguna gente más apurada y con menos tiempo, pero con mucha apertura y mucha preocupación por mostrarme y hacerme mostrar que por más que viven en un barrio privado tienen sensibilidad con lo que pasa en la sociedad. Por la pobreza: ahí dependía de la persona. 

Su preocupación era que sus hijos se den cuenta que la vida no era como en el barrio. Se preocupaban por que mantengan contactos afuera. Muchas personas, también, preocupadas por demostrar que eran trabajadores. Que por más de que fueran ricos no era que no hacían nada. 

Una de las preguntas que les hice en la investigación fue: ¿cómo sienten ustedes o piensan que las personas los ven? La mayoría me contestaba que sentían un estigma por ser “chetitos”. Hay una preocupación por demostrar que no es así. 

Eligen vivir en un barrio privado por seguridad, para que sus hijos e hijas crezcan en un entorno seguro. Sobre todo las mujeres, me transmitían la idea de que se sentían seguras habitando el barrio privado. Algunos habían vivido episodios violentos donde habían entrado a la casa y la habían copado. No querían que les pasara de nuevo. 

Pero la mayoría decían que no significaba que no trabajaban, que no se habían ganado las cosas con esfuerzo y que no era que no les importaba el resto del mundo. 

Elegiste a los barrios Altos, Mirador y Lomas de la Tahona, además del primer barrio náutico en San José, pero también con determinadas características, como que tuvieran al menos diez viviendas familiares. ¿Por qué?

Primero porque en Montevideo los barrios no están habilitados, entonces excluí el departamento. Quería barrios privados, que realmente prohíban la entrada a quienes no son habitantes. 

También quería que fueran construcciones horizontales, porque hay apartamentos en altura y otras modalidades. A mí me interesaban esos barrios por la extensión del suelo que utilizan. Me interesaba también abordar la construcción sobre un ecosistema. Porque los edificios no tienen la lógica de estos barrios, con espacios públicos, calle, club de golf y todos esos componentes. 

También me interesaba estudiar el uso de recursos naturales. Los casos tenían que ser similares para comparar su morfología. También busque barrios que ya estuvieran desarrollados y habitados.

Encontraste tres grupos vinculados a los barrios, Grupo Tahona, Grupo Eco y Grupo Lecuéder.

Sí, son de los barrios que estudié y los que impulsaban estos barrios. Todos esos barrios se sienten parte de la firma La Tahona y, como tales, comparten algunas cosas. Por ejemplo, las camionetas, pueden ir al mismo club, comparten beneficios. 

En la Tahona,  dentro del mismo barrio, habían varios barrios privados. 

¿Están cerca? 

Más o menos, todos por Camino de los Horneros. Algunos más cercanos que otros. Pero por distintas antigüedades. Lomas es más antiguo. Altos también. Mirador es de los barrios más nuevos. Entre ellos se diferencian. Porque Mirador solo tiene la seguridad, no tiene ni club, ni golf, ni siquiera las calles son de asfalto.

Es como más nuevo y es para clases más medias o altas. En cambio, Lomas ya es para una élite. Hay gente que juega al golf.

Más que nada es eso: comparten por ser de la misma firma.

¿Cuántos tiempo estuviste entrevistando o cuánto tiempo te llevó entrevistar a estas 19 personas y cómo fue el proceso? 

Las entrevistas me llevaron dos años, comencé en 2018 y terminé en 2020.

¿Qué cosas te hicieron sorprender?

Hay cosas que encontré que eran medio esperables. Primero, el perfil de la población más o menos me lo esperaba. Que la razón fundamental fuera la inseguridad y el contacto con el verde. Esas cosas medio como que me las esperaba. 

Lo que quizás no, por ejemplo, son los roles tan estereotipados de género, quizás no esperaba que fuera así.

O el lugar de las mujeres, que muchas me decían sí, estoy segura acá, pero estoy sola. Me siento sola, atrincherada, aislada. Ese diferencial de cómo lo vivían las mujeres y los varones, y cómo lo vivían las adolescencias.

Eso me como me llamó la atención. Lo del estigma, capaz que me lo esperaba, pero no tanto. Porque fue algo muy que apareció con mucha fuerza.

Después el grado de conciencia, en qué medida está generando una sociabilización burbuja. Después el rol del Estado. Sabía que el Estado, por supuesto, tiene un rol activo, pero bueno, por ejemplo en Santa Lucía, todo el apoyo que tuvieron no me lo esperaba. La ganancia, la tasa de ganancia, tampoco.

Además es como un paraíso, pero al mismo tiempo se quejan del estigma, como lo están reforzando también con eso, ¿no? Repiten que para estar acá la laburamos.

¿Y la laburaron? 

Sí, muchos sí. Eso no lo disputo. No eran familias que arrastraban una herencia, sino que eran más bien profesionales. Hay desde jugadores de fútbol hasta gente que, por lo que te relatan, ya vienen de contextos de riqueza, de vivir en Carrasco, de haber nacido ahí. Y hay otros que no, que trabajaron, ahorraron e hicieron inversiones. 

Lo que sí creo es que al estigma a alguna gente le pesa más que a otra, ¿no? Y que tiene consecuencias distintas, porque en realidad cuando ponemos el estigma en la pobreza, digamos, en general asumimos que el que es pobre es pobre porque quiere, pero no asumimos que el que es rico es rico porque tuvo una cantidad de condiciones de posibilidad que otras no tienen. Eso no lo ponemos en discusión. Ponemos en discusión por qué es pobre el que es pobre, pero no ponemos en discusión qué posibilidad tuvo y si todos tenemos las mismas posibilidades.

¿La mayoría de los entrevistados vivían de un salario?

Sí. Había distintos tipos de asalariados. También hubo empresarios y empresarias. Otras mujeres eran trabajadoras dependientes. 

En la tesis entrevistaste a personas que se encargaban del trabajo en el hogar, de cuidados. 

Sí, dos o tres, igual, pensé que iban a ser más. Igual ves que las mujeres que se encargan de los cuidados intentan trabajar, adecuan las necesidades de los cuidados y llevan emprendimientos por su cuenta. Tienen otras formas de adecuarse, para conciliar su trabajo con las tareas de cuidado. En las entrevistas aparecía fuertemente que las mujeres, en general, eran las que se encargaban del cuidado ellas, o contratando a otras mujeres. 

Además de este aspecto, también encontraste la preocupación por la seguridad como extendida. Considerando que estas sensibilidades son compartidas, o al menos no exclusivas, de las clases sociales altas, ¿cuál es tu análisis al respecto?

La seguridad, más allá de las diferencias que podamos llegar a tener, es un problema compartido socialmente. La diferencia es cómo lo resolvemos. Para mi el tema es el encierro. El problema de la inseguridad lo resolvemos con encierro. ¿Qué límites encuentra? ¿Qué sociedad generamos? encerrándonos o encerrando. 

En una de las entrevistas, una persona me dijo “los que deberían estar encerrados son todos ellos, no nosotros”. El encierro se lo toman como una obligación. Para mí es una elección. Aunque las personas que habiten barrios privados no lo sientan así. También otra coincidencia, es la preocupación comunitaria de que quieren que sus hijos jueguen en la calle. Tienen un fuerte deseo de que las niñeces vivan y habiten en un barrio que alguna vez se tuvo o cree que se tuvo. 

Es una especie de ficción la respuesta. Porque también les pesa en la elección ese imaginario de barrio con puertas abiertas, de niñeces jugando en la calle, vendiendo galletitas y frutos de la huerta. Pero vivir en una ciudad es mucho más complejo. 

Mencionaste que además de tener una preocupación por el estigma social que recibían, también por que sus hijos tuvieran una noción de lo que era la realidad. ¿Cómo se manejan esas preocupaciones a nivel comunitario? 

Se vinculan con los barrios cercanos que, en general, son pobres. Apoyan actividades en el CAIF y hacen acciones de caridad. Principalmente, caridad vinculada a las infancias. Como apoyo a merenderos o a barrios cercanos o generando instancias de integración entre el personal que trabaja allí y sus infancias. A veces el personal del barrio privado tiene la posibilidad de usar el club o cuestiones así. 

También envían a sus hijos e hijas a otros clubes fuera del barrio para que no vivan solo del barrio al colegio de élite. 

La vida cotidiana de las niñas, niños y adolescentes transcurre, hasta la Universidad, en mundos privados. En el barrio y en los colegios privados. Por lo general, se los impulsa a que utilicen otros servicios para que salgan de la órbita elitista por un tiempo. Desde clubes, como el de la Costa, con la idea de que pueda encontrarse con otros, conocer otras realidades, que en muchos casos estaba esa preocupación. 

¿Cómo es su órbita? ¿Cómo desarrollan la vida comunitaria? 

No sé. Pongo en duda qué tanta comunidad se construye. Les consulté si conocían a sus vecinos o si llevaban acciones colectivas. Habían personas que sí se vinculaban, pero no muy diferente a como nosotros podemos vincularnos con nuestros vecinos en el resto de la ciudad. 

Decían que sí, que conocían a sus vecinos porque entre sus hijos había una amistad o porque eran parientes. Otras personas me decían que no tenían ni idea quien vivía ahí. Que salían entraban y listo. 

Vivir en una comunidad no significa transformarse colectivamente. Se conocen, se preocupan por cuidar el espacio, funcionan como una propiedad horizontal y tienen comisiones de copropiedad para tomar decisiones. En algunos casos les agrada participar y en otros casos no. Otros, incluso, lo veían como un exceso, como una comunidad obligada. 

Las infancias sí, como en todo barrio, tienden a integrarse, pero pasa en cualquier lado de la ciudad, en una plaza o una cooperativa, las infancias se integran. 

Entonces, las personas que viven en barrios privados no tienen vida pública conjunta, por decirlo de alguna manera. 

No necesariamente, sí comparten colegios, por lo menos en los casos que entrevisté. Las familias que entreviste casi todas son parejas jóvenes de la Tahona, de Lomas de la Tahona y del Mirador de la Tahona. Son familias que no nacieron y crecieron en ese barrio. Son parejas jóvenes, con hijos esperaban tener hijos.  No sé que ocurre tampoco si toda tu trayectoria de vida la desarrollaste en un barrio privado. En estos casos, la mayoría son personas que provienen de la ciudad. Son especialmente los hijos quienes experimentan esta nueva forma de vivir. 

Y si bien la integración se da entre infancias, no ocurre en las adolescencias. Los adolescentes no suelen estar en el barrio. Están más allá, afuera. 

Me pasó con un caso que el padre se había tenido que mudar del barrio privado porque a los adolescentes no les gustaba. Todos sus amigos estaban fuera y cada vez que tienen que salir es una transa. Porque está todo afuera, los bailes, el transporte, sus amigos. 

En la misma entrevista con Uniradio, sostuviste que te costaba acceder a los barrios, que no tienen transporte público. 

Sí, el transporte público es inviable. Solo una vez intenté y no. O sea, sí podés, pero llegás y tenés que caminar para adentro bastante. Todo el mundo tiene autos. 

¿Los hijos también?

No, los hijos utilizan un sistema de camionetas interno o los llevan y los traen los padres. Terminan siendo una especie de Uber. También utilicé el sistema de camionetas para salir del barrio. Ese sistema también lo utilizan el servicio doméstico y los adultos. 

Los trabajadores ¿cómo llegan?

Llegan en moto, porque viven al lado. La gran mayoría viven cerca y van mucho en moto. Algunas domésticas van en camionetas. Depende de donde vivan. Al menos, en Canelones es así. 

¿Tuviste un encuentro en el que pensaste o consideraste que la persona te hablaba en otro idioma? O te pareció que estabas manteniendo conversaciones que podrías mantener con tus círculos. 

No. La gente que habitaba ahí tenía una sensibilidad social o al menos eso demostraba en la entrevista. 

¿No encontraste a personas completamente aisladas y disociadas? 

No, no. O sea, había de todo. Pero no había gente totalmente disociada y aislada. ¿Por qué? Porque todavía en Uruguay algún contacto con la realidad tenés que tener para salir a trabajar, o porque tus hijos en algún momento van a la Universidad pública. Todavía no hemos generado ciudades dentro de los barrios.

Habían negadores de la desigualdad y quienes estaban ahí justificando lo mejor para su familia. Es una respuesta individualista, pero en muchos casos había una preocupación social grande. Tanto dentro de los barrios privados como fuera estamos atravesados por el individualismo. Nos une un deseo de encontrar un lugar para vivir una vida segura y deseable, más linda que en la ciudad. Pero ellos eligen ese modo. 

En el caso de San José te encontraste con el primer barrio náutico del país y no pudiste hablar con habitantes pero sí con urbanizadores. ¿Cómo fue el cambio del chip en la investigación?

También contacté a los urbanizadores por un arquitecto que trabajaba en la Intendencia de San José. Uno de los desarrolladores puso el apellido. Fui a su casa. Me contó cómo había sido el proceso de generar el barrio. Él siempre se vinculó a la náutica y a sectores vinculados a la náutica. Se dio cuenta que no habían urbanizaciones privadas que contemplaran a personas con yates. 

Había visto una urbanización similar en Cataluña. Él me dijo que tomó ese ejemplo para desarrollarlo. Por eso son parecidos. 

El río Santa Lucía es mejor para el cuidado de yates. Mejor que Maldonado e, incluso, que Montevideo. Se necesita un río de agua dulce, además de una muy buena ubicación, por su cercanía a Buenos Aires. El terreno, en palabra de los desarrolladores, era un bañado “inútil”. Entonces, ellos le dieron utilidad. 

Cuando comenzaron debieron invertir en maquinaria, convencer a personas para que inviertan en el proyecto. Tuvieron que conseguir recursos del Estado. Ellos ahí hacen una diferencia. Porque si bien los barrios privados no han parado de crecer, el permiso ha provenido de distintos gobiernos. Ellos se reunieron con el Ministerio de Vivienda, y sostuvieron que hubiese sido imposible generar el barrio con los controles de la Ley de Ordenamiento Territorial. 

Es que utilizaron un recurso público para implementar una nueva forma de habitar. 

En realidad es un bañado. Lo que se hizo fue cambiar la tipología del suelo. No sé de quien es la propiedad original, si era del Estado o privado. Pero sí transforman el bañado en un espacio habitable. Hay un impacto ambiental y los permisos ambientales los obtuvieron. 

Pero el río Santa Lucía es público ¿no?

Sí, pero ellos tienen que diferenciar su propia salida. Lo que tienen privado es el acceso y la salida al río. 

¿Se puede acceder al río por otros lugares?

No, es que privatizaron todo el sector. 

Hay algo difuso, entonces, porque la tierra a 300 metros de un río también es pública. 

Bueno, ahí están todos los permisos que les dieron. No solo los permisos sino una maquina para rellenar y pidieron apoyo a las Fuerzas Armadas para el dragado. A mi me parece interesante analizar como hay un discurso de “somos un emprendimiento privado” y “no necesitamos nada del Estado, no queremos nada”, pero sí necesitan las habilitaciones y la maquinaria. 

En el caso de Canelones, muchas veces necesitaron que se les alcance algunos servicios. En algunos casos, al principio, empezaron con servicios privados, pero luego, por determinados motivos, terminó llegando el servicio público del Estado.

En el caso de los urbanizadores, me decían claramente: “el barrio lo pudimos hacer porque había  un gobierno visionario, un gobierno no dogmático, como el que tenemos ahora y como el que tenemos en la Intendencia de Montevideo, en Montevideo no permitieron privatizar la urbanización. 

Otra cosa que queda clara es el margen de ganancia que implicó ese desarrollo, porque ellos, por lo que dicen en la entrevista, compraron a mil dólares el metro cuadro y terminaron vendiéndolo a 100.000 o 120.000 dólares. 

Repitieron constantemente que si bien se los trataba de “chetitos”, ellos generaban trabajo, porque estaban contratando gente. 

Al mismo tiempo, las personas que viven ahí no dicen de donde son. Cuando les preguntan dónde viven, contestan que cerca de los aeropuertos o en la costa. 

Tienen la misma respuesta que la gente que vive en barrios periféricos. 

Claro, es la misma forma de resolver el estigma. Mentir en la dirección, sí. Incluso sucede en los casos de encierro elegido. 

¿Tampoco hay vida comunitaria?

La vida en comunidad es una idea que no aparece con fuerza, aparece en las infancias, pero en los adultos es un relato. Lo que me sorprende habitar el primer barrio náutico, es que sí hay como un interés común que es tener un yate.

El interés es vivir en un barrio con seguridad y, además, tengo yate y mi salida al río. 

Lo que comparten es la ficción, lo dicen así, se comparte la ficción por la náutica.