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CUIDAR NO ES HUMILLANTE
El cuidado es la razón por la que los hogares no logran salir de la pobreza, según la Economista, Soledad Salvador
Soledad Salvador
Foto: PIT-CNT/Archivo/2025

Como es sabido desde hace mucho por la academia y, en particular, tras un trabajo que confeccionó en 2022 la magíster en Economía e integrante del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo de Uruguay (CIEDUR), Soledad Salvador, los hogares más pobres son mujeres solas con infancias a cargo. Para combatir esta realidad, las políticas deberían estar enfocadas en el cuidado.

Las trayectorias laborales de las mujeres son interrumpidas, explicó Salvador en diálogo con El Solidario. Si bien a partir de la década de los 90 las mujeres se incorporaron de manera masiva al mercado laboral, este cambio estructural solo aplicó a aquellas con mayor formación.

Aquellas mujeres a las que su núcleo familiar no ha incentivado la educación, o a las que aún se les pide que se dediquen únicamente a cuidar, son las que figuran hoy en los datos de pobreza; y en ese tan alarmante dato sobre la infantilización de la pobreza: una de cada tres infancias en Uruguay es pobre. Según lo que analiza Salvador, la política de aumento de transferencias económicas funcionó durante las pasadas Presidencias, pero para reducir el fenómeno se necesita que las políticas como el Sistema de Cuidados, o aquellas que apuntan a formalizar las trayectorias laborales de los hogares monoparentales con jefatura femenina, obtengan recursos “genuinos”.

Por eso, evalúa la propuesta de la central sindical de imponer un Impuesto al Patrimonio, de manera positiva. Sin embargo, advierte que las clases sociales más altas, si bien pueden sensibilizarse con la infantilización de la pobreza, aún se creen aisladas de la problemática y toman a los impuestos como “una mala palabra”.

La pobreza está feminizada y representa un aumento en la pobreza infantil. Pero teniendo en cuenta que usted estuvo involucrada en varias investigaciones sobre el tema, podríamos analizar la trayectoria histórica del fenómeno. ¿La pobreza siempre fue feminizada? ¿Aumentó?

Una vez Carmen Beramendi me hizo hacerme una pregunta mortífera, cuando estaba en el Instituto de las Mujeres, durante la primer presidencia de Tabaré Vázquez, sacó un artículo en un semanario y me hizo darme cuenta que si bien bajaba la pobreza, la feminización de la pobreza aumentaba. Desde entonces me pregunté por qué. 

¿Son las mujeres las más perjudicadas? Las mujeres están siempre en un peor lugar. En escala de ingresos, por ejemplo. Pero cuando aumenta la pobreza es porque los que más caen son los hombres. Pero si analizas la pobreza en sí, ahí hay hogares altamente feminizados, hogares monoparentales femeninos, y bueno, eso contesta tu pregunta del inicio. 

¿Qué es lo que pasa para que esto sea así?

Cuando vos mejorás las condiciones, los hogares salen de la pobreza, si son hogares con dos adultos responsables, bueno de alguna manera se la salen a rebuscar, el hombre genera ingresos, no sé, haciendo doble jornada en la industria o como obrero en la construcción. Puede hacer empleo fuera de horario mientras la mujer es la que se queda en la casa cuidando. 

Cuando el hogar es monoparental femenino, la cosa está más complicada. La misma que provee ingresos es la que cuida. Puede tener alguna familiar jubilada, pero estas son las primeras en caer en la pobreza y las últimas en salir. Eso es lo que ocurre con los hogares monoparentales femeninos. 

¿La composición de la pobreza siempre fue así en la población uruguaya o hubo un momento de inflexión?

Lo que pasa es que calculamos la pobreza monetaria, básicamente con ingresos, y solo aparecían las mujeres que ganaban menos en el mercado laboral y las abuelas jubiladas. Ahí podríamos analizar los hogares de menores ingresos en las peores condiciones. 

Pero no es lo mismo una mujeres profesional que se separa y queda sola, a otras. Bueno, esas son las que integran los indicadores de pobreza. Son las que están en el circuito de la pobreza desde la adolescencia y las decisiones que toman a lo que se estudia.

En la pobreza tenemos mujeres sin una buena trayectoria laboral, con hijos. A veces, más que en estudiar piensan en independizarse del hogar para que las respeten. Tener hijos es parte de ese respeto. Son mujeres a las que no incentivan a estudiar sino  mujeres que, incluso en situaciones de violencia o en adolescencia, ya están cuidando o a los hermanos o a las abuelas, desde los diez años aproximadamente. A veces, tienen hijos propios antes de la adultez. 

Por eso las mujeres suelen tener malos niveles de formación, malas inversiones laborales, consiguen trabajos informales, como la feria o zafrales, que suelen ser menos pagos. También trabajan en el sector del comercio que tampoco tiene buenas remuneraciones. Hay trabajadoras zafrales en la industria. 

Pero en todos los casos las condiciones son distintas. Para 2050 Uruguay se planteó evitar la segregación educativa en las mujeres. Pero hasta las mujeres con negocios y niveles terciarios tienen un techo de cristal. El mercado laboral es masculinizado en sus normas, no por la cantidad de mujeres, sino porque sus normas son androcéntricas donde rinde más la disponibilidad del tiempo y no la productividad. Invisibilizar el cuidado como tarea productiva es parte del fenómeno de la invisibilización de la pobreza femenina. 

Pero ahora el fenómeno se verbaliza ¿o continúa invisibilizado? ¿Cuándo se comenzó a saber?

Desde CIEDUR (Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo Uruguay) hicimos la publicación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (Organización de Naciones Unidas) y elaboramos un indicador complementario desde una perspectiva de género para difundir el dato. Hubo mucha repercusión, porque además se consultaron con varias organizaciones feministas. 

El fenómeno estaba muy invisibilizado. Además, la feminización y la infantilización de la pobreza son dos fenómenos que van juntos. Los hogares pobres son lo mismo, no es que estén por un lado las mujeres y por el otro, las infancias. 

Lo único que hay que tener en cuenta es que no solo podés pensar en una transferencia para que la madre pueda administrar mejor los recursos para esos niños sino que realmente pensar en políticas para que esas infancias tengan mejor alimentación, vestimenta y vivienda. 

A esas madres hay que empoderarlas en términos de oportunidades de empleo y, al mismo tiempo, con programas de empleabilidad de mujeres junto al sistema de cuidados. Porque si queremos que las mujeres se formen y tengan mejores trayectorias en el mercado de trabajo para salir de la pobreza, necesitamos resolver el cuidado para ayudarla. 

El fenómeno de la invisibilizarían de esa pobreza ¿ocurrió porque no se construyeron indicadores para medirlo?

Sí, generalmente, sí. Si uno hace seguimiento de indicadores, por ejemplo en el INE (Instituto Nacional de Estadística), pasa un fenómeno extraño una vez que las estadísticas quedan disponibles, es que vos podés acceder a los micro datos pero la entidad procesa indicadores básicos. Por ejemplo, a veces se dan cifras de desempleo sin desarrollar por sexo. Imagínate la pobreza. 

Muchas veces me han llamado, y me han planteado ¿cómo vamos a resolver el problema de los cuidados si tenemos un problema con la pobreza? Es lo mismo, para resolver el problema de la pobreza infantil tenés que resolver las políticas de cuidado. El cuidado es la razón por la que los hogares no logran salir de la pobreza. 

Es la explicación de por qué las mujeres no están insertas en el mercado laboral y son parte del circuito, porque no tienen resuelto el cuidado. Al mismo tiempo, el mercado laboral no incorporó el cuidado dentro de sus normativas y lógicas. Damos por sentado que la mujer hace lo que hace en la casa y si bien las mujeres se insertaron en el mercado laboral masivamente, desde el 90 a esta parte, y de que tenemos tres décadas de inserción, los problemas persisten. Sobre todo nos quedó un cuello de botella en las mujeres de estratos medios-bajos de la sociedad donde hay menos niños, pero sin embargo, las mujeres se dedican a cuidar a las personas envejecidas, con dependencias o enfermedades crónicas. 

En esto de que el 30% de las infancias son pobres en Uruguay, o uno de cada tres infancias son pobres, ¿es algo generacional que se ha ido profundizando o a partir de que las mujeres se fueron insertando masivamente, como vos decís, en el mercado laboral en los 90, cambió?

Sí, lo que pasó en el 90, fue que las mujeres se insertan laboralmente, pero no se desarrollaron políticas de cuidado. Si bien habían algunas políticas como el CAIF para atender a la pobreza. Pero no es una política que haya sido pensada hasta la creación del sistema de cuidado porque los CAIF suelen tener un horario de 8:00 a 12:00 horas. 

Las familias de algunos lugares no salen a trabajar por si los roban. Lo que sucedió fue que las mujeres que se insertan laboralmente o estudian a nivel terciario, comenzaron a tener mejores trayectorias educativas y la brecha entre hombres y mujeres se redujo. Los hombres suelen también, permanecer más en los sistemas educativos, porque antes a los 18 años se los obligaba a mantener la familia si se casaban jóvenes o tenían hijos tempranamente. Eso ha ido cambiando culturalmente ya sea por anticonceptivos o porque en televisión hablan sobre el asunto, así como la interrupción voluntaria del embarazo. Pero son las mujeres de niveles secundarios o primarios, las que siempre tienen un rezago en participación laboral. Entre los 90 y los 2000, la tasa de actividad de las mujeres ha aumentado de manera importante. 

Pero si trabajamos más con las mujeres de estratos medios y bajos los cuidados complicaron las trayectorias. Hay dos cosas entonces: las mujeres tenemos la misma posibilidad de trabajar que los hombres pero la jornada de los hombres debería reducirse para compatibilizar el tiempo disponible para el cuidado. Los hombres no utilizan subsidios de medio horario, entonces tenemos que tener claro que si no hay un cambio cultural, no va a ser posible mejorar la situación. 

Cuando el fenómeno de la infantilización y la feminización de la pobreza se comenzó a visibilizar en la Academia o Centros de Investigación como los que integra, también, se puso en debate las políticas por transferencia. ¿Se requiere algo más que transferir dinero para dar vuelta la situación?

La transferencia busca una solución rápida. Ahora estamos en la misma idea de ampliar transferencias y creo que esa parte impacta, obviamente, en la pobreza. Esa parte tuvo un impacto, en esto de que preguntabas por la trayectoria de las políticas, durante los períodos de gobierno de Tabaré Vázquez. De 2005 a 2010 y de 2010 a 2015. En ese período hay un claro cambio importante, por la Reforma Tributaria que permitió la ampliación de las transferencias. Son mecanismos que impactan en los ingresos de los hogares. 

Alejandra Picco coordinadora del Instituto Cuesta Duarte, también remarcó la Reforma Tributaria como un momento donde se redujo la pobreza. 

Sí porque además de la pobreza reduce la desigualdad. La ampliación de transferencias y la Reforma Tributaria, son formas de reducir la desigualdad pero lo que más impacta son las transferencias. O fue lo más efectivo, hubo un cambio en 2004 de transferencias hacia hogares monoparentales con jefatura femenina, con el Plan de Equidad. Antes existía asignación familiar pero solo para trabajadores asalariados y era muy bajita. Se introdujeron dos cambios que fue indexar la asignación familiar al BPC y eso aumentó monetariamente la transferencia y después la tarjeta social para acceder a beneficios. 

Igual hoy mantenemos un 30 % de la infancia en situación de pobreza cuando la natalidad bajó. 

Sí, cayó drásticamente la natalidad y en los hogares de menores ingresos por lo que tiene que ver con la Ley Sexual Reproductiva que incidió en la disminución de embarazos adolescentes. Creo que lo que faltaba para atacar el nivel alto de pobreza y el que tenemos era este vinculo con la feminización. Creo que ha cambiado con la introducción del sistema de Cuidados. 

Esta innovación tuvo lugar en 2018, ¿no?

Sí, en noviembre de 2015 se aprueba la Ley, en 2016 se empieza a desarrollar y en 2019 se logró su mayor expansión en todo el país. Todo eso ayuda. Nosotros estudiamos con la Encuesta Continua de Hogares que no solo los chiquitos de cero a tres años y los que viven en el interior, es que la tasa de actividad de las madres de esos niños dependía de la expansión de los centros CAIF. 

Hubo un clic también en que las infancias vayan más de cuatro horas a un centro de cuidado, extendiéndose a ocho horas. Creo que estamos en un momento de mayor conciencia de los cuidados.

¿El presupuesto destinado al Sistema de Cuidados fue suficiente?

Diría que estamos en un momento de mayor conciencia desde que se creó el sistema. En especial de los beneficios que trae. Se sabe más, capaz que en el interior tenés más dudas, pero por lo general no tener que explicar qué es el Sistema de Cuidado. Muchos lo asocian con los asistentes personales del Mides. Pero no lo asocian con cuidados de infancias de 0 a 12 años. 

En realidad, se deberían incluir a los adolescentes en algún momento. También se elaboró de forma participativa en el Comité Consultivo de Cuidados, para extenderla. Pero lo que faltan son recursos. Nos está faltando sostenibilidad financiera.  Para cuidados así como fondos para la reconversión laboral para INEFOP o fondos para Salud. Todos estos programas se han financiado con préstamos del BID. Faltan recursos genuinos para darle sostenibilidad al sistema. Se dio marcha atrás el período pasado y se enlenteció la política. 

¿Qué analiza usted de la propuesta que realizó la central sindical de colocar una sobretasa al Impuesto al Patrimonio de Personas Físicas para destinar esos recursos específicos para la infancia? ¿Le parece factible y necesario?

Lo asocio con el Impuesto a Primaria. Creo que, a veces, la población más pudiente es la que debería tener conciencia. Esa gente considera el impuesto una mala palabra, pero, en realidad, se supone que es la forma de distribuir para que la sociedad sea más justa. Para mí habría que trabajar más en eso. Como siempre digo, qué mejor que tener que pagar impuestos y no que te tengan que dar transferencias. Es mejor estar del lado del que podemos pagar. Pero no se toma así. 

A usted, ¿le parece que la feminización y la infantilización de la pobreza necesita medidas y fondos de manera urgente?

Sí, en la medida en que la sociedad avanza este es un tema que no se puede desconocer. Sobre todo por todo lo que se asocia al fenómeno, como las situaciones de violencia y maltrato. Hay cosas que están pasando que se ocultan. Y creo que lo que está oculto son todos los impactos que tienen en las personas que trabajan con ese tema. Creo que eso debería tener un foco especial, es como algo ineludible. 

¿Por qué las clases altas suelen ver la tributación como una "mala palabra"? ¿Es falta de costumbre, o una carencia de sensibilidad social hacia temas críticos como la infancia? 

Es curioso, porque muchas veces estas mismas personas participan en instituciones religiosas o colegios privados que realizan acciones sociales. Sin embargo, parecen percibir la pobreza desde una visión asistencialista, alguien a quien "hay que ayudar”,  y no como un sector con potencial para progresar si se le brindan las herramientas adecuadas.

A menudo se argumenta que el éxito depende exclusivamente del esfuerzo individual, ignorando que la mayoría de las situaciones de vulnerabilidad nacen de la falta de oportunidades o de entornos marcados por la violencia y la criminalidad. Parece haber una falta de involucramiento: se pide reducir el costo del Estado, pero se olvida que es ese mismo Estado el encargado de brindar soluciones estructurales.

Un ejemplo claro ocurrió con programas como Acceso, del Mides. El sector empresarial a veces cree que basta con ofrecer un empleo, pero la realidad es más compleja: el consumo de sustancias, la falta de hábitos laborales o problemas de salud mental requieren un acompañamiento integral. Sin ese apoyo, ante la primera dificultad o falta, la persona se convierte en un "costo" y queda fuera del mercado. Finalmente, cabe preguntarnos: ¿esta nueva visibilización de la infantilización de la pobreza tendrá efectos positivos reales o se quedará solo en el discurso?