Bajo el título “Contra el imperio de los más ricos: Defendiendo la democracia frente al poder de los multimillonarios”, y como lo hace desde hace más de una década en coincidencia con el Foro Económico Mundial, la organización social lanzó los resultados de sus investigaciones sobre la concentración de la riqueza.
Gracias a este trabajo, se sabe que casi la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza, con un poco más de 8 dólares al día, y que casi el 30 % sufre inseguridad alimentaria, mientras una ínfima porción de la humanidad factura unos 54 millones de dólares diarios. La riqueza de los multimillonarios concentra el 23.9 % de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre posee solo el 6.7 %.
Este fenómeno se ha intensificado especialmente a partir de la pandemia, periodo en el que la riqueza de los más acaudalados creció un 81 %. Tomando únicamente los datos de 2025, el número de multimillonarios se sitúa por encima de los 3 mil. La persona más rica del mundo, el empresario tecnológico Elon Musk, se convirtió en el primer multimillonario en superar la barrera de los 500 mil millones de dólares.
Además de que la tendencia al aumento de la riqueza es cada vez más preocupante, los sectores en los que se vuelcan estos capitales suelen estar vinculados a medios de comunicación o redes sociales. Esto constituye una injusticia mayor a la prevista: los multimillonarios tienen 4 mil veces más probabilidades de ocupar un cargo político que las personas con ingresos normales.
Mientras medios como The Washington Post, Los Angeles Times o la revista especializada The Economist pasan a ser propiedad de consorcios de milmillonarios, se agrava la falta de representación de las clases menos favorecidas en las agendas públicas, en los debates mediáticos y en los ámbitos parlamentarios.
Dado que el mundo es tan desigual, OXFAM y Custódio consideran que las democracias se han vuelto más frágiles. En 2024, la organización contabilizó 142 protestas masivas contra los gobiernos en 68 países. Los países con mayores niveles de desigualdad tienen, al mismo tiempo, siete veces más probabilidades de sufrir retrocesos democráticos.
¿Cómo se establece el fenómeno de la concentración en las diferentes regiones?
En América Latina y Europa, es fundamental reflexionar sobre el hecho de que el 1 % más rico de la población concentra una riqueza desproporcionada. En nuestra región, solo el 10 % de las personas posee más riqueza que el 90 % restante. Una concentración de este nivel es insostenible y nos obliga a preguntarnos: ¿cómo influye esto en nuestra privacidad, en las decisiones políticas, en los procesos electorales y en la esfera pública?
Para nosotros, el principio de "una persona, un voto" se enfrenta a los millones de dólares que se utilizan para influenciar tanto los procesos electorales como la creación de leyes. Esto supera la capacidad de respuesta de un país de forma aislada. En una sociedad igualitaria, la Declaración Universal de los Derechos Humanos puede florecer; sin embargo, si no logramos garantizar estos derechos básicos, ¿qué tipo de sistema democrático estamos construyendo?
La desigualdad actual genera una falta de libertad para los trabajadores. En nuestra región, la estructura tributaria es profundamente injusta: los más pobres dependen del consumo para sobrevivir, alimentos y bienes básicos, y los impuestos sobre ese consumo representan más del 50 % de lo que pagan. En contraste, los impuestos sobre la riqueza, la propiedad y el patrimonio para el 1 % más rico son ínfimos.
La contribución proporcional de los más pobres es mucho mayor, mientras que las políticas públicas se ven mermadas porque se ha reducido su financiamiento. Esta falta de recursos, sumada a la permanencia de privilegios fiscales, es un reflejo del enorme poder político y de la capacidad de incidencia de los multimillonarios, quienes terminan diseñando su propia estructura tributaria.
Es indispensable avanzar en leyes nacionales —como lo ha hecho Brasil con la tributación a las grandes fortunas—, pero no es suficiente. La riqueza fluye fuera de los países hacia paraísos fiscales, por lo que el esfuerzo interno debe complementarse con la cooperación internacional.
Los países necesitan mecanismos de intercambio de información tributaria para garantizar el derecho de los Estados a recaudar de manera efectiva. Es fundamental que los gobiernos de América Latina actúen alineados en la Convención Tributaria de las Naciones Unidas para lograr un sistema distributivo y sustentable. Sin esta cooperación, el riesgo es el desfinanciamiento total de lo público.
En la confección del informe, ustedes sectorializaron la concentración de capitales, ¿cómo ven ustedes esta tendencia de los multimillonarios a controlar los medios de comunicación y las plataformas tecnológicas, es global?
Esto es preocupante por su capacidad para moldear la opinión pública. Personajes como Elon Musk, el primero en superar la barrera de los 500,000 millones de dólares, representan un nuevo paradigma de concentración que fusiona tecnología, medios y poder económico.
¿Esto ya ocurre o podría pasar en un futuro?
Esto no es una posibilidad futura; ya está ocurriendo. Incluso las Naciones Unidas enfrentan hoy dificultades de financiamiento para ejecutar sus acciones básicas. A pesar de estar desfinanciados, muchas organizaciones y trabajadores mantienen su compromiso con la democracia y los derechos humanos por puro activismo, pero el sistema requiere cambios estructurales urgentes.
¿Cómo es la elaboración de los informes que ustedes presentan en Davos? ¿Cuáles son las instancias previas? ¿Cómo hacen para investigar?
Los informes que Oxfam presenta en Davos son el resultado de procesos de investigación largos, rigurosos y acumulativos. En general, el proceso incluye: recolección y análisis de bases de datos internacionales, como Forbes, World Inequality Database, Credit Suisse/UBS, Banco Mundial, FMI, OCDE y estadísticas fiscales nacionales, revisión sistemática de literatura académica, informes oficiales y estudios previos sobre la temática central que se está trabajando en el año, ahora fue desigualdad, fiscalidad, democracia y concentración de poder; Modelaciones económicas y distributivas, especialmente para estimar riqueza, participación del 1% y del 0,1%, y efectos fiscales potenciales; Análisis político-institucional, incluyendo reglas de financiamiento político, lobby, concentración mediática y captura regulatoria; Consultas internas y externas, con equipos regionales de Oxfam, especialistas temáticos y organizaciones aliadas.
Antes de Davos, los borradores pasan por varias rondas de validación técnica, discusión estratégica y revisión comunicacional, porque el objetivo no es solo académico, sino incidir en el debate público y político global.
¿Las presentaciones siempre se hacen en enero?
Sí, tradicionalmente se publican en enero, coincidiendo con el Foro Económico Mundial de Davos, porque ese espacio concentra: líderes políticos, CEOs de grandes corporaciones, instituciones financieras internacionales y medios de comunicación globales.
Publicar en ese momento busca interpelar directamente a las élites económicas y políticas, introduciendo evidencia crítica sobre desigualdad justo cuando se discuten las agendas globales.
En el último informe ustedes aseguran que la concentración de riqueza es un riesgo para la democracia. ¿Qué elementos los llevaron a considerar eso?
Los informes identifican múltiples mecanismos concretos que vinculan concentración de riqueza con erosión democrática. Captura política: grandes fortunas influyen de manera desproporcionada en leyes, políticas fiscales y regulatorias. Financiamiento político desigual: Las campañas electorales dependen crecientemente de grandes donantes en distintos países. Lobby estructural: sectores ricos tienen acceso permanente a decisores públicos, a diferencia de la mayoría de la población. Concentración mediática y digital: control de medios y plataformas afecta el debate público y la formación de opinión. Desigualdad en la representación: los intereses de los más ricos están sobrerrepresentados frente a los de la ciudadanía común. La evidencia muestra que sociedades altamente desiguales tienden a tener democracias más frágiles, menor confianza institucional y menor participación ciudadana efectiva.
¿Por qué hablan de riqueza extrema?
Oxfam utiliza el concepto de riqueza extrema porque no se trata solo de “personas ricas”, sino de niveles de acumulación sin precedentes históricos, caracterizados por: fortunas que crecen incluso en contextos de crisis global, patrimonios que superan presupuestos públicos de muchos países, capacidad de influir en mercados, políticas y narrativas globales. La riqueza extrema rompe la simetría democrática, porque permite convertir recursos económicos en poder estructural.
¿Estamos en un momento de inflexión?
Sí. Los informes sostienen que estamos en un punto de inflexión histórico, por la combinación de aumento acelerado de la riqueza en el top, estancamiento o caída de ingresos para la mayoría, crisis climática, fatiga democrática y avance del autoritarismo, debilitamiento de la capacidad fiscal del Estado
O se avanzan reformas profundas, tributación progresiva, regulación del poder económico, fortalecimiento del Estado, o el riesgo es una normalización de la oligarquía. Hay un riesgo de que ya estamos en un punto de no retorno, lo que hace con qué medidas necesitan ser adoptadas de manera inmediata para cambiar esa situación de desigualdad extrema.
En el último informe sostuvieron que un multimillonario tiene 4 mil oportunidades más de estar representado en el sistema político que una persona común. ¿Esto se da en todos los países?
La magnitud exacta varía entre países, pero la tendencia es global. En prácticamente todas las regiones del globo: las élites económicas tienen mayor probabilidad de ocupar cargos políticos. Influyen de manera desproporcionada incluso sin ocupar cargos formales. Tienen más acceso a tomadores de decisión. En países con regulaciones débiles sobre financiamiento político y lobby, este fenómeno es aún más intenso, como ocurre en gran parte de América Latina.
¿La concentración ha llegado a niveles extremos?
Sí. Los informes muestran que: el 1% más rico concentra una parte desproporcionada de la riqueza mundial. En algunas regiones, el 1% posee más riqueza que el 90% combinado. La velocidad de concentración se ha acelerado desde el año 2020. Estos niveles no son solo económicamente desiguales, son políticamente peligrosos.
Ustedes citan el caso de Elon Musk. ¿Estamos en un momento donde una persona puede tener más poder que un Estado-nación?
En ciertos ámbitos, sí. No en términos formales de soberanía, pero sí en: capacidad de influir en mercados financieros, control de infraestructuras clave (comunicación, datos, plataformas), influencia directa sobre la opinión pública global, capacidad de presionar o condicionar decisiones estatales.
El punto del informe no es personalizar el problema, sino mostrar que la concentración extrema permite que individuos acumulen poder sistémico y representen un riesgo a las democracias.
Sobre los sectores: tecnología y medios. ¿Cómo se percibe esto en América Latina y el Caribe? ¿Sucede en todo el mundo?
Sí, es una tendencia global, pero con matices regionales. A nivel global los sectores de mayor concentración son: tecnología, plataformas digitales, finanzas, medios y comunicación. Son sectores con altas barreras de entrada, rendimientos crecientes y fuerte capacidad de influencia política.
En América Latina y el Caribe predominan sectores como: finanzas, recursos naturales, agroindustria y medios de comunicación tradicionales. La digitalización está creciendo, pero con menor regulación y alta concentración. En ambos casos, el patrón es similar: sectores estratégicos concentran riqueza y poder, con impactos directos sobre la democracia.



