Uruguay crece a ritmo anémico, pero mientras la economía del 1% se concentra y se vuelve más rica, la masa salarial se estanca. En una entrevista con El Solidario, Alejandra Picco, coordinadora del Instituto Cuesta Duarte, desglosa cómo la propuesta de gravar el patrimonio de los más ricos puede frenar la pérdida de generaciones y cuestiona por qué la clase política prefiere el absoluto silencio al debate técnico sobre impuestos.
Hace dieciséis años que el Instituto Cuesta Duarte encontró una forma propia de medir la desigualdad: los salarios sumergidos. Al establecer como parámetro la capacidad de compra real, el Instituto dio con un dato que se volvió estructural: medio millón de personas ganan menos de 25 mil pesos por 40 horas semanales. La mayoría son trabajadores rurales, domésticas o del comercio y un 30% son mujeres.
Pese a que este medio millón de personas sobrevive con ingresos críticos, la economía uruguaya es hoy un 6.5% más rica que hace una década. Esta brecha fue el antecedente directo para que la central sindical lanzara, el pasado 1° de mayo, la propuesta de gravar al 1% más rico del país. Y paliar el efecto más duro de la desigualdad: la pobreza infantil.
Detectaron que mientras medio millón de personas perciben 25 mil pesos al mes, la economía era más rica.
Sí, claro. Pero, entre 2008 y 2014, hubo una cantidad de reformas: la Reforma Tributaria, la Reforma de la Salud y una política salarial construída con bases en la negociación colectiva y que puso énfasis en el incremento del Salario Mínimo Nacional. En ese momento, indicadores comunes como el índice de Gini, que mide la desigualdad en los ingresos personales, tuvo durante ese período un cambio significativo. Y es difícil hacer mover esos indicadores.
Si bien en ese momento hubo una caída de desigualdad importantísima, después se estancó. Y, después se incrementó la desigualdad personal en los ingresos y también la desigualdad factorial.
¿Qué es la desigualdad factorial?
Es la relación del salario con la producción total: cuánto se apropia el trabajo, los trabajadores asalariados y el resto de sectores; de la riqueza generada. Cuánto es la ganancia y cuánto va a manos del Estado.
El crecimiento que detectaron de la economía fue del 6.5%, ¿es anual o es el crecimiento de la economía acumulado durante un período?
De todos los años. En los últimos años hubo una caída del crecimiento con la Pandemia, y nos daba un promedio de aproximadamente un punto anual.
El Ministro de Economía, Gabriel Oddone, sostuvo que la economía tenía que crecer en un 2%, ¿es posible teniendo en cuenta que hace más de una década no lo hacemos y crecimos un 6.5%, acumuladamente, en la última década?
En promedio venimos creciendo anualmente con esa tasa de 1 y algo más. Prácticamente, es una anemia de crecimiento, prácticamente.
¿Cómo sucede que la economía esté más rica y, sin embargo, el crecimiento se desacelera?
La economía es un 1% más rica, aproximadamente. Muy poco. Pero el crecimiento de la masa salarial, en particular en los últimos cinco años, fue más. Retomando el planteo de Oddone, entiendo que la economía uruguaya debía crecer en el orden del 3%.
Cuando se habla de hacer crecer a la economía o el crecimiento económico siempre está vinculado a las inversiones, a socios comerciales del exterior y, tal vez es una pregunta ingenua, pero ¿por qué nunca se vincula el crecimiento económico con los salarios?
Pasa que tenemos una economía muy chica, somos tres millones y es muy difícil que la economía crezca…
¿Fortaleciendo el mercado interno?
Claro. Es verdad que el mercado interno, sobre todo, en la medida en que los ingresos de los hogares aumentan; también repercuten en la economía. Pero para que Uruguay pueda tener saltos, crezca y produzca cada vez más, necesita mirar hacia afuera. En eso hay un consenso económico.
Disculpe la insistencia, pero creo que a veces se dan cosas por sentado sin que se debatan, si el salario impulsa el consumo, ¿eso tampoco genera crecimiento?
Ese crecimiento le da mayor dinero al Estado y le permite llevar adelante políticas públicas. El punto no es solo promover el crecimiento sino también su distribución y que se mejore la seguridad, y para que no aumente la pobreza infantil.
La idea es que la presión tributaria- cuánto ingresan de impuestos sobre el total de la producción- podríamos decir que de cada tres puntos de crecimiento económico, uno se lo podría apropiar el Estado y eso permitiría desarrollar políticas que impulsen en mayor medida ese crecimiento.
¿Cómo se propuso instalar la desigualdad en la agenda y cómo ese proceso derivó en la propuesta de la central sindical de poner una sobretasa al Impuesto del Patrimonio para el 1% más rico?
Creo que la desigualdad, en realidad, hace bastante tiempo que está en las agendas progresistas y de izquierda. Creo que lo que sucede hoy con el 1% es la cara más dura de la desigualdad: la pobreza infantil. Es un tema que estuvo en la campaña de todos.
Se vincula mucho con los niveles salariales y con las posibilidades de ingreso al mercado de trabajo y, en particular, en los hogares monoparentales donde vemos reflejada no solo la infantilización de la pobreza sino su feminización. Las madres responsables de un hogar que se encargan de los cuidados se ven imposibilitadas de insertarse en el mercado laboral y sus trayectorias laborales son discontinuas.
La preocupación más creciente se dirige a la pobreza infantil y la propuesta de la central es algo que se discute a nivel mundial. Hay una cantidad de estudios, que no los hicimos nosotros, pero que se han hecho desde la Academia que demuestran que la distribución, en 2014, tras implementarse la Reforma tributaria, se dio entre el 99% por ciento de la población de menores ingresos.
Pero el 1% más rico no se movió porque no se los logra alcanzar con los impuestos. Los impuestos al capital siguen siendo menores a los del trabajo o los impuestos al patrimonio o a la riqueza acumulada son menores que los impuestos al consumo o a los ingresos.
Partiendo de esos elementos de discusión, hoy decimos que en el mundo se está intentando discutir impuestos para alcanzar a los más ricos. Y más aún con una realidad de pobreza infantil que rompe los ojos. Lo que la central mandató a esta Comisión de académicos que redactó la propuesta, de la que formé parte, la idea fue pensar en un documento para que vaya exclusivamente a atacar el problema de la pobreza infantil.
A partir de que hicimos el diagnóstico de que es difícil cobrar impuestos a los más ricos y de que los más ricos pagan menos impuestos que el resto de la sociedad, nosotros llegamos a una propuesta de una sobretasa al impuesto al patrimonio de las personas físicas y pudimos atacar el tema de la pobreza infantil.
El proceso de confección de la propuesta duró de mayo a fines de noviembre más o menos, ¿no?
En mayo la central sindical y, en particular, el discurso de Sergio Sommaruga, puso la idea sobre la mesa. Nosotros primero tuvimos muchas discusiones de si crear un nuevo impuesto o no. Ese proceso fue el más lento. Después decidimos basarnos en un impuesto que ya existe: el Impuesto al Patrimonio de las Personas Físicas. Pensamos en una sobre tasa, en quienes íbamos a tocar y que actividades productivas íbamos a excluir de la propuesta.
¿Es la primera vez que se hace algo así o el vínculo entre la Academia y la central sindical siempre existió?
Siempre existió, nosotros desde el Instituto, que es de Investigación y asesoramiento, tenemos un convenio con la Universidad de la República y hemos trabajado en temas de formación. Tenemos a personas de la Udelar que dan cursos y compañeros que han trabajado en investigaciones junto al movimiento sindical.
Esta es la primera vez, por lo menos de lo que recuerdo, que el trabajo pasa de las cosas que hace la central o, en particular el Instituto, para lograr una propuesta de política pública concreta.
Han pasado cuatro meses desde la presentación de la propuesta, pero su contenido no está en debate. ¿O le parece que sí? ¿Cómo te parece que ha permeado?
La propuesta por más que sea concreta no está finalizada: no es un proyecto de ley. Abre alternativas y caminos. El fin último de la propuesta hasta el momento nadie lo ha cuestionado que es atacar la pobreza infantil. A nosotros nos convocaron a la comisión para encontrar un camino tributario para erradicarla.
Lo que se cuestiona es el camino para llegar a eso. Más que nada de parte de la clase política que critica la tributación en sí o no debate aumentar impuestos.
Tras cuatro meses de hacer pública la propuesta, ¿no esperaba que para esta altura ya estuviéramos debatiendo alguna de las tres opciones de franjas, o sea, su contenido?
Sí. Pero nosotros estamos pensando en trabajar a mediano plazo y trabajarlo todo este año. Quisiéramos que se concretara lo antes posible, obviamente.
¿No le parece que hay una urgencia por obtener fondos para las infancias?
Sí, totalmente. Nos parece que hay una urgencia, pero la sociedad tiene que validar y defender las propuestas. O sea, esto tomó bastante tiempo en llegar a una propuesta que, más allá de que hay tres tasas, si vos lo mirás, siempre el monto mínimo no imponible, vamos a decir, hasta el millón de dólares, se pagaría cero. Después depende cómo va escalando y la tasa más alta es siempre del 1,5%.
¿Dónde advierte que se concentra la mayor oposición a la propuesta?
Una de las cosas que vemos y vimos en las discusiones es que en Uruguay se da algo muy perverso y es que la clase política está en contra de los impuestos. Y es algo loco, porque en los impuestos se asienta la sociedad. Si no existieran impuestos, tal vez, la sociedad no existiría.
Dentro del Frente Amplio algunos sectores han planteado abrir la discusión. Nosotros no hemos presentado la propuesta formalmente a nadie. Ese va a ser el trabajo para este año. Primero a las bases, organizaciones sociales y partidos políticos para que las personas la conozcan. Es urgente pero también tiene que ser validada.
Durante la campaña el tema fue evadido de manera hasta casi explícita, salvo por una promesa coloquial del actual Presidente en el debate.
Más que evadir diría que había como una cuestión de que cada uno tenía que afirmar la posición de “no voy a poner más impuestos”. El impuesto se volvió mala palabra, básicamente. Nosotros apuntamos a que la propuesta esté validada, por el momento nadie cuestiona el objetivo. Necesitamos que el 1% más rico de la sociedad aporte para algo urgente.
El documento está abierto a la discusión. Podría ser algo transitorio o permanente. Este año armamos una hoja de ruta de trabajo. Estamos pensando en traer expertos internacionales para validarla. A veces pareciera que importaran más las opiniones de afuera que de adentro ¿no?
En esto de definir la urgencia, el proceso ¿lo miden a largo o mediano plazo?
Nosotros queremos este año ya meterlo en la agenda. Meterlo en la agenda de verdad. O sea, meterlo en la agenda para que la gente lo conozca más también. Ir a las bases con esto. Hicimos la presentación en el Paraninfo. Hicimos una presentación, se llenó el Paraninfo, creo que nadie critica ni la validez, ni el objetivo, sin duda, ni la validez técnica del documento, ni la solidez técnica del documento. Creo que las críticas pasan por la agenda política, la oportunidad.
He escuchado más gente que argumenta políticamente o desde una mirada política sobre el tema que desde una mirada técnica. Se habla de que esto es inviable, esto no es así o la evidencia te dice que si haces esto...
¿Es difícil hacer debatir a los economistas?
No, creo que en general el debate ha venido desde una mirada más política, desde una mirada política y no quiero ir como...
¿Contra el gremio?
No, no quiero ser…
¿Criticona?
Claro, o hiriente con nadie. Creo que muchas de las cosas que se han dicho vienen desde una mirada política de percepciones y no se basan en evidencia.
Parece que es difícil “desacartonar” el debate entre los economistas. Como que se advierte una postura de no quiero salir del tecnicismo y jugármela políticamente.
De igual manera, cuando se lo presentamos a otros colegas algunos estaban de acuerdo y otros no porque consideraban que era el momento oportuno para presentar la propuesta. Nos hicieron comentarios. Todos los comentarios de los técnicos nos aseguraron que era un documento muy sólido.
La evidencia incluso de las respuestas comportamentales o lo que podría suceder ante un impuesto de este tipo van en distintos sentidos.
Nosotros tampoco podemos asegurar que un impuesto de este tipo no va a generar más adversidad en algunos inversores. Los estudios aseguran que eso depende de las características más finas de cómo se implementará el impuesto. Ahí falta debate más técnico.
Básicamente el debate que se ha dado desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), es una línea dura de decir: “esto se opone a la política económica del MEF para atraer inversores”. Eso no es discutir basándose en la evidencia o en las experiencias. O sea, en base a la evidencia de lo que nos está dejando la política de atracción de inversiones por exoneración de impuestos.
Claro, por gasto tributario.
Por gasto tributario, y porque en la realidad lo vemos que tampoco hemos logrado que se mueva fuertemente la aguja en materia de inversión.
¿El debate de la propuesta lo proyectan dentro de este período de gobierno?
Escuché al Presidente del FA, Fernando Pereira, decir que el debate le parecía interesante pero que no lo estaban pensando para este período de gobierno. Nosotros queremos pensarlo para este período de gobierno porque pensamos que es una urgencia. Una urgencia importante y esta es una propuesta concreta. No es para debatir teóricamente.
¿Podría definir la urgencia de esta propuesta, como para cerrar la entrevista?
Los niveles de pobreza infantil en Uruguay están provocando la pérdida de generaciones enteras. Un niño que hoy tiene entre cero y seis años, en apenas un lustro será un adolescente; las privaciones sufridas en esa etapa temprana, son casi imposibles de revertir.
Esa realidad es la que alimenta la segregación, la fragmentación social y los problemas de seguridad que enfrentamos. Atacar la pobreza infantil no es solo una necesidad económica, es una deuda ética. Es profundamente injusto que un niño sufra estas carencias por el solo hecho de nacer en un hogar pobre, mientras no se ejecutan políticas de fondo para revertirlo.
No pretendemos que esta propuesta erradique la pobreza por sí sola, pero permitiría hacer mucho más de lo que se hace hoy. La evidencia demuestra que no bastan solo las transferencias de dinero; para resolver el problema de fondo hay que intervenir en la realidad de los adultos que, ante la falta de trabajo digno, terminan viendo en la delincuencia o el narcotráfico su única salida. Las políticas de vivienda, de barrio y de acompañamiento son caras, y por eso necesitamos estos fondos: porque son considerables y la urgencia es hoy.



