Victoria nacida el 17 de enero de 1973
El comedor se encuentra totalmente a oscuras. Lo único iluminado es el rostro de una adolescente que mira fijo la pantalla de una computadora. Las paredes parecieran no tener el color de tantos muebles y cachivaches amontonados. Entre la cocina de leña, ubicada a la derecha, y la mesa redonda ubicada en el centro, no hay espacio.
—¿Acá?— pregunta Victoria Araujo la anfitriona.
—Mejor afuera—contesta el fotógrafo.
Ella se abre paso por el pasillo de salida, donde dos personas,cuál camino de hormiga, no podrían caminar juntos. Se queda junto al portón de entrada y se arma un tabaco.
—Nací en cautiverio en 1973 con mi papá y mi mamá presos. En tiempos complicados. — comienza a contar, con voz estridente y energética, mientras enciende el cigarro.
1 La entrevista a Victoria Araujo fue realizada en el marco de una investigación sobre liceos en dictadura. Las entrevistas y la producción periodística fueron realizadas por la autora, mientras que el fotógrafo tomaba retratos.
Victoria es una de los 75 niños que vivieron la tortura dictatorial. Su primer año de vida lo pasó en el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), donde su madre, Cristina Sánchez, cayó presa estando embarazada.
—Las madres siempre estuvieron muy unidas entre sí. Si no una podía amamantar por las torturas otra le daba la teta al niño.—
Victoria asegura que no tiene recuerdos de la cárcel. Como sus abuelos maternos y paternos no quisieron hacerse cargo, ni de la militancia de su padre, ni de su madre en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), tampoco de ella. Su padre al salir de libertad decidió no hacerse cargo de su hija y su madre se encargó de ella sola.
— A las madres los militares las amenazaban con nosotros. Algunos tienen secuelas físicas, uno de los niños que nació en el Hospital Militar como yo, se vomitó encima y estuvo toda la noche con un oído sumergido en su propio vómito y nunca lo pudo recuperar. —
Andrea nacida el 24 de febrero de 1973
Andrea Leyton vive con sus padres y sus dos hijos. La casa está decorada como si fuera una casa de Balneario. Hay artesanías colgadas en las paredes, una biblioteca cerca de la estufa a leña y un fondo con parrillero.
Andrea nació en el Hospital Militar. Su madre Aída Feigán, estaba recluida en el IMES desde 1972. Pero la historia comienza antes. En la imprenta en la que estaba encargado su padre,la que el MLN utilizaba como comité. Como “cobertura” los padres de Andrea se casaron para simular que ese era su hogar.
Vivió en la cárcel hasta el año y medio, tampoco tiene recuerdos. Si los tiene de Punta de Rieles cuando iba a visitar allí a su madre.
—Nunca fui a terapia, no sentí la necesidad,ni lo sentí como un trauma. Sí sé que mi abuela materna, la que se encargó de mi al salir de la cárcel, me recibió con raquitismo. Aunque esto lo tuvimos muchos, por la falta de alimentación—
2 Cifra estimada en “Maternidad en prisión política''. Uruguay 1970-1980”
Según le comentó su madre, la unión de las presas era tal que todas comían “la cáscara de las papas” y le daban a sus hijos la pulpa “para poder resistir”. Su infancia transcurrió en una Cooperativa de vivienda, donde los niños jugaban juntos y existía una comunidad entre vecinos muy poco común para la época.
—Me uní al grupo de nacidos en cautiverio por 2004. Ellos hoy son amigos, pero yo ya no estoy más en el grupo, no tengo muchas cosas en común.—
Mirta detenida en octubre de 1971 y su hijo Mauricio nacido el 4 de abril de 1973
Mirta Celiberti se sienta, prende un cigarro, habla de los cambios de época, de que en este momento de su vida hasta tiene “ amigos de derecha”. Habla de sus años de exilio en Italia y de su hijo Mauricio, quien nació en cautiverio y falleció en un accidente de tránsito en 1994.
Su nieta, hija de otro de sus hijos, la llama por teléfono. Ella rezonga, cuelga y se ríe de la adolescencia y de cómo evadió la tortura, de cómo organizó una revuelta cuando estaba presa en la cárcel Cabildo.
Mirta, cayó presa en Rocha con sus compañeros y esposo del MLN. Al verla los militares llamaron a un médico para corroborar que estuviera embarazada. Se salvó del plantón pero no de la cárcel. La trasladaron primero al Cabildo, donde convivió en una celda con otras madres y sus hijos. En un cuarto de 4 por 4 metros. “Era como tener trillizos”.
Recuerda los pañales apilados en una montaña cada vez más grande y molesta, las sábanas que suplían la falta de pañales, la escasez del agua, las veces que dejó de dar leche por la falta de alimentación.
Después de dos meses envió a Mauricio a la casa de sus suegros. A ella la trasladaron al Batallón n°13 en la noche. Al llegar, lloraba por la culpa y la arrojaron sobre un colchón. Allí durmió sumergida en silencio. Al despertar creyó que había pasado la noche sola. Pero la decena de cuchetas estaban repletas.
—Pasaron toda la noche en silencio para no molestarme—
Martín nacido el 24 de marzo de 1974
“Construir memoria es una tarea difícil cuando no se tienen recuerdos propios. (...)El bebé en la panza, el recién nacido, el niño o la niña que estuvo en cautiverio no recuerda claramente los lugares, las condiciones, los ruidos, el hambre, el frío, el calor, las enfermedades, los interrogatorios a las madres”
Así comenzaba la placa que inauguró la muestra que organizaron en 2004 el grupo de hijos nacidos en cautiverio, realizada en la Biblioteca Nacional.
Cuando el grupo se formó, por iniciativa de Gimena Valdez, profesora de Historia, nacida en un pozo de Durazno, el grupo pasó de ser un lugar de militancia a ser un grupo de amigos.
“Compartimos vivencias, no tal vez formas”, comenta Martín Castells,con voz pausada y su mirada extraviada. Las mangas de la camisa rayada que lleva puesta están pulcramente dobladas. Dejó la profesión de contador pero no su porte. Salvo por el termo del mate que está lleno de pegatinas de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Martín nació en un hospital cerca de Avenida Italia, cuando su madre Griselda Castelini y su padre actualmente detenido desaparecido Eduardo Pérez, se encontraban clandestinos.
Cuando su padre cae preso a los dos días cae su madre. Allí la trasladan al IMES hasta que Martín cumple diez meses y se va a vivir con sus abuelos maternos.
La infancia transcurre con pesadez en Salto, a excepción de los partidos de basketball, pasatiempo que libera la mente de Martín y le brinda cierto sentido de “pertenencia”. Cada quince días viaja a Punta de Rieles. Recuerda los dos kilómetros a pie y el cansancio que le producía, el rezongo de los militares por mirar hacia atrás cuando se estaba yendo y el cacheo de los guardias.
Cuando su madre sale de la cárcel los criterios de crianza de su abuela y su madre se mezclan y se diferencian.
—Mi madre salió muy hecha pelota de la cárcel. Le pedía que por favor se cuidara y dejara de fumar pero no había caso. —explica Martín.
Pasados algunos años, cada una supo representar el rol de crianza correspondiente y Martin se mudó a Montevideo a estudiar Contaduría. Carrera que abandonó en el 2000. Cuando el ex presidente Jorge Batlle decidió crear una comisión que se encargó de revisar aquellos casos de delitos cometidos en dictadura. Lo que “despierta” en Martín una “fuerte depresión”.
A raíz de las investigaciones que realiza para recolectar testimonios y testigos para la causa, descubre que su padre era católico, militante de la teología de la revolución y que le gustaba la guitarra. Incluso uno de los ex compañero de celda de su padre, Víctor Semproni le devuelve una campera que su padre le prestó en aquellos años.
—Entendí también porque se hablaba de tanto de Gavazzo en las conversaciones familiares. Después de las torturas hasta llegó a tirarle una bomba de gas en la celda. De ahí fue al Hospital militar.—
“Salió del pozo”, con la ayuda de SERSOC y el “sentido de pertenencia” que le generó el grupo de los hijos nacidos en cautiverio.
—Cuando le comenté a mi vieja lo del grupo, a pesar de que no podemos ni al día de hoy hablar del tema de mi padre o el suyo, ella decidió visitarme y venir a Montevideo. Desde que salió de la cárcel no había podido. Se mudó a Salto y se había quedado. Ahora vive en Aguada conmigo.—
Paloma nacida el 22 de enero de 1977
Paloma Soto es asistente social. Trabaja en secundaria. El tono que emplea para describir su historia es pausado y tranquilo. Como si le explicara a un padre enojado la importancia de las tareas domiciliarias de su hijo.
—Mi madre siempre fue un símbolo de la resistencia. Por su belleza y su coraje revolucionario. —
3 Ex diputado por el Congreso Frenteamplista, conocido por no estar presente en el Parlamento durante la votación para la derogación de la Ley de Caducidad en 2011. Falleció en 2016.
Alba Antúnez, María Elena Curbelo, Raquel Dupont, Yessie Macchi, Flavia Schilling, Gracia Dri, Cristina Cabrera, Estela Sánchez, Miriam Montero, Lía Maciel y Elisa Michelini son conocidas como las “rehenas”. Las 11 sufrieron el mismo régimen de rotación en unidades militares de todo el país durante tres años.
Las rondas de Yessie Macchi iniciaron en 1973, cuando a mediados de 1972 fue detenida junto a su compañero, Leonel Martínez Platero. Ella resistió hasta quedarse sin balas. En la escaramuza perdió un embarazo de tres meses. Leonel murió en el enfrentamiento. Luego de un período de recuperación en el hospital, comienzan las rondas.
La historia comienza en el homónimo cuartel de La Paloma, ubicado en el departamento de Rocha .Allí Yessie se enamora de un compañero de la celda contigua: Mario Soto. Este último tenía un “guardia amigo”, el que les permitía concretar unos seis encuentros hasta tener un hijo.
—Mi madre se lo propuso como si fuera un operativo, le dijo que ella tenía 45 años de cana y que el dos. Mis abuelos se iban a encargar de mí hasta que él saliera de la cárcel.—
Así fue, como al ser trasladada al Regimiento de Caballería n° 4, Yessie se da cuenta que está embarazada. Paloma nacerá meses después en Punta de Rieles, simbolizando para algunas el acto de rebeldía más grande por demostrar “las fisuras dentro de la represión”.
Mario Soto murió de cáncer al salir de la cárcel y de Paloma se encargaron sus abuelos, diez meses después de su nacimiento. El coronel retirado y su mujer le explicaron a Paloma que su madre estaba presa por “ darle de comer a los pobres”.
Paloma recuerda a su abuela con cierta ternura, sin embargo, con Yessie guarda ciertas reticencias.
5 En 1976 los altos mandos militares deciden recluir a todas las mujeres en una misma cárcel,Punta de Rieles.
—La cuestioné muchas veces, por que fue a tener a un hijo en esas circunstancias. Yo cuando tuve a mi propio hijo, lo veía con sus diez meses y no la podía entender—
Al salir de la cárcel Yessie comienza a discrepar con su madre sobre los métodos de crianza. De igual manera, ya en la adolescencia, Paloma decidió mudarse con su madre y su padrastro.
—Mi madre salió muy hecha pelota de la cárcel. Golpeaba las puertas para despertarme todas las mañanas como si todavía estuvieramos en un cuartel. — comenta mientras muestra el cúmulo de cartas que se enviaron su abuela y su madre durante ese periodo.
Con los años las diferencias entre madre e hija se agravan, a pesar de que su padrastro apaciguaba el mal carácter de Yessie. Pero con el tiempo, Paloma comenzó a perdonarse y perdonar la historia en la que fue concebida.
—Con el grupo de niños nacidos en cautiverio realizamos un cuestionario para plantearle a nuestras madres. En conjunto, podríamos repensar cosas que individualmente no. Cuando llegó el momento de hacerlas a mi vieja, me dijo: “espere toda la vida a que me hicieras estas preguntas”. —
Paloma tampoco tiene recuerdos de la cárcel. Es madre soltera y vive en la casa que le heredó su madre, quien murió en 2008. Pero trabaja en un liceo y cada 40 minutos se exalta con el timbre del recreo.
—Mi madre me contaba que sonaba una chicharra cada vez que iban a requisar y que ella me ponía a amamantar para que no llorara. Mientras a ella le daban patadas.—
Nadia Amesti



