En Uruguay existen 25 mil personas que tienen más de 1 millón de dólares. Algunos cientos de millones. Esta población concentra entre el 35 y el 40 por ciento de la riqueza nacional. Al mismo tiempo, existe un patrimonio que triplica el Producto Bruto Interno, o sea, que todos los bienes y servicios que se producen estatalmente durante son triplicados en esta forma de riqueza.
Hace más de veinte años que en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) un grupo de académicos estudia la Desigualdad y la Pobreza y rastrea la clase más rica de la sociedad y, estos, son algunos de los resultados que la investigación “La evolución reciente de la desigualdad en Uruguay entre 2009 y 2016: distribución del ingreso y patrones de Movilidad”, en cuya confección participaron Gabriel Burdín, Mauricio Da Rosa, Andrea Vigorito y Joan Vilá.
El investigador, economista y doctor en Economía por la Universidad de la República, Joan Vilá, es parte de ese grupo hace ya unos cuántos años. Conoció, en el Instituto de Economía (IECON), donde hoy desarrolla investigaciones sobre la riqueza, al doctor en Economía Mauricio Da Rosa.
Vilá trabajó en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, entre 2013 y 2016, abordando las políticas públicas, hasta que entró al IECON y comenzó a estudiar los sectores de altos ingresos uruguayos. Como investigador y economista profesional estudió una serie de temas vinculados a la riqueza: políticas públicas, transferencias e impuestos.
Durante su etapa formativa de grado, esa variedad de temáticas sobre las clases sociales con ingresos más altos, fue bastante irrisorio. “No se trataba mucho a los impuestos”, enfatizó Vilá para luego indicar que esa tendencia es algo que actualmente se está retrayendo e incluso, “desigualdad y la pobreza” comenzó a ser un curso de la carrera de grado. “Es una optativa bastante demandada”, se congratuló, en diálogo con El Solidario, Vilá.
Aunque el Instituto Nacional de Estadística (INE) confeccione información confiable sobre la desigualdad, para el Doctor en Economía, esta institución aún no “captura bien a los de altos ingresos”. La encuesta de hogares desarrollada por el INE, que suele medir los ingresos por razones laborales o jubilatorias, y tener omisiones respecto a los individuos que poseen mayores ingresos.
“En Uruguay hay ricos que tienen mucho dinero, y ese es el punto, porque como son pocos es difícil encontrarlos”, enfatizó el académico quien, junto a Da Rosa, publicaron el año pasado, la investigación en la que abordaron ese conjunto ínfimo de la población que tiene casi la mitad del patrimonio nacional.
¿Cuáles fueron las primeras inquietudes que tuvo con respecto a la riqueza?
Lo primero fue que no estábamos capturando a las personas que ganan más.
¿Cómo, pese a esta opacidad, tuvieron acceso a los datos de este 1% más rico?
Por los ingresos registrados en la Dirección General Impositiva. Calculamos a partir de los impuestos que están pagando estos individuos. Desde impuestos a la ganancia, a la renta, gravados por el IRPF al capital.
Los que tienen capital reciben dividendos, intereses, alquileres y por ahí pudimos ver cuántos ingresos tenían por esta fuente. Luego combinamos esta información de registros de la DGI con la Encuesta de Hogares.
¿Cuáles fueron los resultados de la primera investigación?
Básicamente, que el 1% de población que tiene los mayores ingresos, conentre el 15 % del total del ingreso de Uruguay. Eso se mantuvo, más o menos estable, aunque el período que nosotros estudiamos fue entre 2009 y 2016. Los registros tributarios son de ese período.
Con respecto a las cifras, ¿los resultados les generaron sorpresa o, más o menos, tenían la percepción de que podrían a llegar a ser las cifras?
Fue un porcentaje muy alto. Nos sorprendió un poco sí. En particular, cuando vos haces la misma cuenta por los datos de la Encuesta de hogares el porcentaje baja a 8 o 9 %. Cuando vimos que en realidad era del 15% nos sorprendió.
Con los registros tributarios alcanzamos a medir, digamos, lo que ganaban las 25 mil personas con mayores ingresos.
¿Cuán grave es la situación?
No sé si llamarle grave, pero para que tengas una idea, ese 15% es lo mismo que tiene la mitad de la población de menores ingresos. O sea un millón doscientas mil personas tienen el mismo ingreso que estas 25 mil. Esa es la magnitud.
En estos datos de la DGI que ustedes desglosaron, como para calcular, de los impuestos pagados, el total de ingresos de los capitales ¿están contempladas las exoneraciones que se le realizan a las empresas?
No, no están contempladas las exoneraciones. Solo aparecen las personas que pagan impuestos. Además, si alguien tiene algún tipo de capital o dinero no declarado o un paraíso fiscal, etcétera, no aparecen registros.
Para que haya registro tiene que tener alguna cuenta bancaria, un título de empresa o un título de deuda a su nombre, que no sean acciones al portador, por ejemplo.
Lo que quiero decir con todo esto, es que sí, puede ser mayor el porcentaje de ingresos que concentra ese 1%. Podría llegar a ser mayor pero no lo sabemos, ni tenemos datos.
Estos datos surgieron después de la primera investigación ¿qué otros datos o inquietudes les interesó investigar?
Sí. Después nosotros intentamos entender quiénes eran esos individuos o personas con ingresos muy altos. Son básicamente hombres, por ejemplo. También quisimos saber dónde esta población percibía ingresos.
Hay algo de la opacidad con respecto a los datos de la riqueza, ¿no?
Sí, sí. Nosotros tuvimos que hacer una reconstrucción de ingresos a partir del pago de impuestos, pero era para tener una estimación. Sabemos muy poco.
Al mismo tiempo, para registrar los datos de sus ingresos dependes de la estructura tributaria del país.
Claro. Es un esfuerzo muy grande saber sobre los individuos de mayores ingresos, cuando de otros grupos de la población sabemos todo. Desde la cantidad de beneficiaros de asignaciones familiares hasta cuánto ganan. Incluso, tenemos datos demográficos.
Lo que hicimos nosotros fue reconstruir cuántos ingresos se generan año a año. Pero la otra cosa es saber cuánto patrimonio tienen y eso es más difícil todavía.
Porque implica un esfuerzo más grande en cuanto a reconstruir la información con piezas o pedazos de cuánto es la riqueza.
¿Qué indicadores necesitarían para medir la riqueza patrimonial y no solo en las ganancias?
En algunos países hay cifras oficiales de cuánto es la riqueza o el patrimonio de todo el país respecto al Producto Bruto Interno (PBI) – el total de bienes y servicios producidos en el país por un año o un trimestre– y lo suelen hacer los bancos centrales de cada país. Acá no contamos con esa información.
¿El Banco Central Uruguayo no la produce?
No, Mauricio (Da Rosa) fue quien trabajó más esa parte. Y tenemos algunas cifras de cuánto es el patrimonio de toda la economía uruguaya y es tres veces el PBI. Estamos hablando de que el patrimonio es como un stock. Desde edificios o fabricas hasta campos. Todo ese patrimonio puede, o no, generar ingresos. Es difícil de estimar eso y no hay cifras oficiales
Luego podríamos avanzar sobre lo tributario, pero respecto a la información, si no hay datos oficiales del patrimonio, se puede reconstruir por pistas indirectas, ¿cuáles serían?
Nosotros estimamos eso. Después usamos la Encuesta Financiera, que es parecida a la de los hogares, también la lleva a cabo el INE, pero te consulta cuánto patrimonio tenés.
En esa encuesta en particular participó también la Facultad de Ciencias Sociales y el Banco Central. Es una encuesta oficial y pública. Pero el problema de esa encuesta es que se parece a la otra, en el sentido de que los ricos no están captados. O no dicen, cuál es su verdadero patrimonio. Ese es un primer problema.
No hay forma de medir, entonces, la concentración de inmuebles.
Claro. Cuando estableces “gravemos a los más ricos”, una de las realidades a la que te enfrentas es que no tenés registros de todos.
Lo que hicimos con Mauricio (Da Rosa), fue utilizar los resultados de la encuesta financiera y la cotejamos con la de los registros tributarios. La idea fue calcular que si vos tenés determinados ingresos, es porque el capital que tenés te rinde eso. A partir de los ingresos calculamos cuánto debería ser el capital que los genera.
Intentamos, de alguna manera, reconstruir el stock para que se generen esos ingresos.
Obtuvieron el dato de que el patrimonio es tres veces más que el PBI, ¿están contemplados los datos bancarios?
Sí. Está todo. No es solo por bienes o inmuebles, es por las empresas que porten y lo que vale la empresa.
¿Qué cosas podés medir a partir de esos datos?
Lo que sí seguro podés ver es cuánto generó. O sea, esta empresa facturó tanto o esta persona recibió tanta plata de ganancia. Te das cuenta como se mueven esos ingresos por ese patrimonio, pero no sabes cuánto vale el patrimonio en sí. Ese dato es más difícil de obtener.
Por ejemplo, es fácil determinar el precio de una propiedad cuando se vende, pero sino, pueden ser que estén subvaluadas. O no tengan su valor actualizado.
Entonces, una primera estimación es ¿cuánto es el patrimonio total de Uruguay?
Un poco más de tres veces que el PIB. Y después la otra cosa que nos interesa investigar cuánto de todo ese patrimonio uruguayo tiene el 1% más rico.
¿Por qué elegir estudiar ese 1%?
Viene de la literatura internacional, que empezó a mirar como ese 1 % era gente diferente. Todo el mundo habla de ese 1%. Es una forma de transmitir que este grupo de personas es distinto al resto de la población. O porque tiene mucho más ingresos o porque tiene una riqueza ampliamente superior a la del resto.
Es una manera sencilla y aproximada de decir que si hay que ir hacia algún lugar, ese primer corte, permite reflejar que sus ingresos son muchísimos más que los de cualquier trabajador promedio en Uruguay. Por otra parte, también te facilita la discusión. Porque si necesitamos recursos para recaudar lo mejor es mirar a ese grupo. Proponer hablar de este 1%, permite formular un atajo y poder hablar de poner impuestos.
¿No habitan los mismos espacios?
Probablemente no habitan los mismos espacios que nosotros.
¿Qué impuesto podría aplicarse al 1%?
Lo que podríamos hacer, que ahora está en discusión es poner un impuesto a su riqueza. O sea, poner un Impuesto a su Patrimonio.
¿Es detectable este patrimonio?
Sí, sí. Nosotros lo que planteamos...
¿Cómo lograron rodear al 1%?
Un poco por cuentas financieras, otro poco con registros administrativos y también usamos una lista de millonarios que está en Forbes. Hay dos o tres uruguayos, pero ellos están en el top. Se sabe que tienen más de mil millones de dólares.
Y bueno, con eso que logramos reconstruir con Mauricio, llegamos a la conclusión de que básicamente ese 1% de riqueza tiene entre 35 y 40% del total de riqueza de Uruguay.
¿Seguimos hablando de 25 mil personas?
Sí.
¿Estas 25 mil personas tienen una riqueza que mide un PIB?
Si su patrimonio es equivalente a un PIB de Uruguay aproximadamente, sí.
Aunque la realidad pueda ser mucho más dura.
Sí. Nosotros creemos que igual esto es relativamente confiable.
El país necesita recursos por diferentes motivos. Creo que es un acuerdo en que hay necesidades urgentes a cubrir.
Uruguay necesita recursos para cubrir algunas cosas urgentes. Nuestra idea es gravar a este grupo de la población. Esa es la idea más elemental, pero que tiene un sentido.
¿Cuán gravado está actualmente? ¿Cuál su situación actual?
En términos de patrimonio existe un Impuesto en Uruguay, pero el impuesto de patrimonio que es hacia las personas o los individuos casi no se recauda. Casi nadie paga el Impuesto al Patrimonio.
No creo que se haya hecho un esfuerzo por fortalecer ese impuesto.
Hay un economista que fue integrante del Instituto Cuesta Duarte, que ahora es diputado, Bruno Giometti, que publicó hace semanas atrás unas cifras en las que se aseguraba que las exoneraciones son de 1200 millones de dólares.
Gran parte de esas exoneraciones son a empresas. Por régimen de inversiones, pero no a individuos. El dato no está individualizado.
Entonces, ¿a las empresas sí se les logra cobrar el Impuesto al Patrimonio?
Ese recauda un poco más. Después se les cobra por ingresos que generan. Pero a los individuos no se les cobra, sobre su patrimonio.
La herramienta que existe es el Impuesto al Patrimonio pero no lo usamos, ¿no hay nadie que lo cobre?
No creo que haya habido esfuerzos, ni en fortalecer ese impuesto, ni en sistematizar su forma. A nosotros nos costó bastante reconstruir cuánto patrimonio tienen y es una cifra estimada la que tenemos. Creemos que la DGI, el Banco Central o el Ministerio de Economía y Finanzas tienen acceso a mucha más información.
La primera idea es que esto esté en discusión y que se discuta en función a los datos. Porque estas instituciones cuentan con la información y hay que saberla. Recién ahí, creo, podemos llegar a dar una respuesta respecto a la estructura impositiva.
Creemos que hay un conjunto de estas 25 mil personas que tienen un patrimonio gigantesco. Lo que hay que hacer es discutir y conocer un poco más a fondo. Para ver si tiene sentido modificar o cambiar lo que tenemos.
Una de las formas sería fortalecer el Impuesto al Patrimonio, porque ya existe.
Claro, en ese caso, ni siquiera hay que crear un impuesto nuevo. Eso tendría que saberse, por ejemplo, cuánto podríamos recaudar y por qué no estamos recaudando. O, al menos, saber cuánto es el patrimonio y en qué forma está.
¿Hay forma de saber quiénes son?
No, no. Eso lo tendría que saber el Banco Central, la DGI.
¿Pero ese dato no es producido por el Estado porque no se produce o porque directamente no se sabe si hay una oficina en DGI que tiene una oficina especifica con funcionarios trabajando exclusivamente para cobrar el Impuesto al Patrimonio?
No lo sé. Pero ese es un primer punto. Porque si le pusiéramos un impuesto de un 1% a estos 25 mil, recaudaríamos entre 0.7 al 1 % del PBI. Pero sigue siendo una estimación con los datos que tenemos.
¿Tendríamos que plantearnos otra reforma tributaria como la del 2007?
No, creo que para este objetivo puntual no es necesario. Creo que podríamos activar recursos y mejorar la recaudación de este Impuesto al Patrimonio.
Otra cosa que me parece importante es que en general, cuando planteas ponerle impuestos a la riqueza o al patrimonio hay una reacción de que eso va a destruir la inversión, el empleo y el desarrollo.
¿Qué tan cierta es?
Repasamos y estudiamos evidencia de otros países donde hay impuestos de este tipo. En ninguno de los países que han puesto impuesto, por ejemplo, al 1% del patrimonio se destruye la inversión. La evidencia no dice eso.
En algunos casos lo que se dieron fueron mayores intentos de evasión o de emigrar capitales. Pero nunca es de una magnitud tan grande como para definir la destrucción de las inversiones.
En términos contrarios, hablando de desigualdad, o de apuntar a una mejor distribución de la riqueza si no se hace nada, si el Estado decide no poner por lo menos un impuesto, ¿cuál es el costo? ¿El costo político o económico o Social?
Hay un costo social que después se traslada a un costo económico. Tenemos un tercio de niños pobres, un conjunto de trabajadores formales del sector privado que ganan menos de 40 mil pesos. Ahora estamos revisando las pautas salariales.
Hay un costo político en el sentido de no contribuir. O que, como ciudadanos, debemos contribuir. Los que tenemos mayores ingresos, más patrimonio, tenemos que contribuir a la sociedad de mejor manera que el resto.
Esa es la discusión. Y me parece que este es un punto para ir hacia ese sentido.
También hay un costo económico, por ejemplo, en dejar un conjunto de la población sin recursos para que se mantenga en el sistema educativo, se pueda desarrollar individualmente y eso se traslade a la economía.
Porque es una inversión que estas haciendo y que tiene su rédito económico cuando esas personas llegan a la adultez.
Durante una entrevista en Canal 5, sostuviste que los consejos de salarios tenían una incidencia en los ingresos y en el desarrollo económico de la sociedad.
Cuando se reinstalaron los Consejos de Salarios hubo una reducción de la desigualdad y, obviamente, un crecimiento de empleo. Primero hay que hacer un acuerdo de cuál es el rol más general del Estado, si precisamos o no más recursos. Esa es como una primera discusión que es básicamente normativa y política.
Si creemos eso, que necesitamos más recursos, bueno, ¿hacia dónde ir? Me parece que estas señales nos dicen que los primeros que deberían contribuir un poco más serían estos grupos. Esa es como un poco la idea central.
¿Se podría hacer algo con los 62 mil millones de dólares que están depositados en el exterior?
Eso mismo te iba a plantear. Tiene algo que ver con estos argumentos que afirman que si le pones un impuesto a la riqueza se te va la inversión. No hay estudios sobre eso.
El otro punto de lo que te iba exponiendo, es que tenemos que saber dónde está y en que forma el patrimonio de la riqueza. Porque si está todo en el exterior o buena parte por colocaciones financieras ¿qué le está dando a la producción uruguaya esa colocación? O sea, necesitamos conocer bien qué forma tiene el patrimonio para después ponernos a discutir esto. No todo el patrimonio que tienen estos ricos son empresas productivas de Uruguay.
Hay una parte de esta riqueza que no está puesta en inversión productiva. Entonces, ¿por qué? ¿En qué afectaría la inversión productiva que le pongas un impuesto a esas colocaciones?.
Entonces, de nuevo, me parece que es bueno que esto esté mínimamente en la agenda para intentar, por lo menos, empezar a reconstruir esto, porque además lleva tiempo y es difícil.
¿Y cuáles son las investigaciones que estás viendo hacia el futuro?
Nosotros tenemos como esta línea, seguimos en esto. Estudiamos con Mauricio (Da Rosa) algo parecido para varios países de América Latina, de cuánto podría recaudarse con un impuesto a la riqueza en México, en Chile y otros países.
También estamos en otro proyecto en el que estudiamos toda la estructura tributaria de Uruguay. ¿Quién paga más impuestos? ¿Los trabajadores o el capital? ¿Quién paga más impuestos en términos de grupos de altos ingresos y bajos ingresos? Estamos con una mirada un poco más general y también ahí estamos con politólogos y filósofos.



