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EL FANTASMA DE LA EXTINCIÓN O EL “NO DAN GANAS”
Más de la mitad de los padres divorciados o separados no realizan transferencia económica
Demografía
Foto: Equipo de Comunicación de FUCVAM

El Solidario dialogó con la Doctora en Demografía, Wanda Cabella, para analizar las tendencias de nuestra población: envejecimiento, baja natalidad, infantilización de la pobreza y el aumento de hogares con una única jefatura. 

Wanda Cabella es Doctora en Demografía desde hace más de veinte años. Su formación de grado estuvo vinculada a la Antropología, pero hoy ejerce la docencia como grado 5 en la Facultad de Ciencias Sociales (FCS). Allí es donde ha investigado las diferentes tendencias y cambios en la integración y desarrollo de la población uruguaya. Su análisis se ha enfocado al estudio de algunas estructuras y su evolución en el tiempo, así como los cambios poblacionales que pueden haber ocurrido tras vivir fenómenos como la Pandemia. Y si bien las percepciones instintivas son unas, los datos demográficos a veces nos demuestran otras: durante el COVID-19 la población, pese a la alta mortalidad, creció. 

¿Y cómo se evalúa este crecimiento desde la demografía? ¿Piensan que es saludable o no forman criterios sobre hacia dónde debería ir la población demográficamente? 

No, a ver. Hay quienes describen el fenómeno. Particularmente, los técnicos del Instituto Nacional de Estadística. Hacen el análisis, muestran la información, la describen, hay distintas profesiones que evalúan qué significan esos datos, cómo se puede entender ese cambio o cómo valorarlo. Por supuesto, hay valoraciones positivas y negativas con respecto al crecimiento. Pero tienen que ver con ideologías. 

Las derechas en el mundo, por ejemplo, están preocupadas por el crecimiento de la población. Muy preocupadas. En particular hay países que están muy preocupados con su crecimiento porque si solo crecen porque hay inmigración, bueno, hay un tinte racista de que el crecimiento de la población no puede estar asociado a inmigrantes. Y esa valoración es un concepto de cómo debería ser la población, que hace siglos está en un territorio. 

Creo que esta idea de que sí hay un componente ideológico respecto a cómo se valora el crecimiento de la población. La demografía es utilizada, es muy utilizada. En Uruguay hay un fantasma de que la población es chica y que si cada vez somos menos, como que transmiten la idea de extinción. Que es un absurdo. Pero sé que es para el titular, una manera marquetinera de plantearlo. 

Bueno, ¿nos vamos a extinguir o no?

Sí, capaz que sí, pero no parece una posibilidad. No parece que pueda pasar ahora. Lo que sí ocurre es que las poblaciones del mundo están en este proceso de decrecimiento. En Uruguay, en particular, lo que ocurre es que se vuelve un sentimiento más dramático de que somos una población chica. Es como la pequeñez de la pequeñez demográfica. Y ese fantasma siempre está. 

Las poblaciones tienen procesos que pueden provenir de causas que son indeseables y de causas que son deseables. En el caso del envejecimiento de la población actual es el tema que más preocupa al sistema político y a los periodistas. 

Antes de desviarse hacia ese tema, por qué usted en particular decidió estudiar la demografía poniendo en el centro a las familias. ¿Es normal desarrollar la demografía así?

No es que sea normal o no normal. A veces las propias necesidades de las personas y los grupos de investigación con lo que te vinculas tienen determinados temas y te invitan a participar. Eso me ocurrió a mí. Participé de un programa que dirigía Andrés Pedi, y bueno, entré a participar de ese proyecto y me encantó el tema. También trabajé en otros temas de la demografía. He trabajado migración, reproducción de información, raza, familia, fraternidad y mortalidad. La familia es un amor que mantengo. Ese y la migración internacional, también me ayudan a ordenar la disciplina. 

Para entender cómo la dinámica de la familia afecta a la población. No podemos entender cómo es la familia hoy si no sabemos que la población envejeció. Un efecto importante es la composición de la familia. No por elección sino por algo de azar y después interacción. También trabajé en la mortalidad infantil. 

Volvamos al envejecimiento, ¿cómo valorarlo?

El problema es el decrecimiento de la población, y las causas de ese decrecimiento son buenas noticias. Porque la fecundidad bajó porque hubo menos nacimientos de embarazos de mujeres adolescentes. Hay que saber cuales son las razones por la que decrece la población.

Otra es, que viene de un proceso más largo, el uso de los anticonceptivos. 

¿Las tendencias de envejecimiento cuando comenzaron?

A principios del siglo pasado, el XX. El proceso es antiguo.

Y no nos hemos extinguido.

Claro, eso, no nos hemos extinguido. Pero el fantasma de la extinción comenzó ya cuando las mujeres comenzaron a dejar de tener tres hijos. Pero las mujeres quieren estudiar, trabajar y, bueno, culminar su vida reproductiva con el número de hijos que quieran. Además la anticoncepción comenzó en los sectores más favorecidos en un principio. Uruguay logró reducir la fecundidad a los niveles y cantidad de hijos que las familias querían. Eso hace que nazcan menos niños y es un factor muy importante para que la población envejezca. 

Entonces, el envejecimiento sí o sí está vinculado con la fecundidad, no es solo una lectura ideológica. 

Sí o sí. Las pirámides que grafican a la población vos ves una base que es ancha que son los nacimientos, ese es el cero, después viene la edad uno y de ahí para edades más altas hasta los cien años. Cuando la base es ancha es porque han entrado muchos nacimientos y la base disminuye es porque van ingresando pocos. Nuestra pirámide tiene más ancho el vértice que la base. Lo que significa que envejeces. La proporción de personas mayores es mayor que las demás. Sobre todo en fases avanzadas. El fenómeno es que hay menos gente joven, porque las generaciones se van achicando y, además, las personas están viviendo más. 

 ¿La mortalidad infantil no incide en el envejecimiento en Uruguay? 

No, en Uruguay no, la mortalidad infantil no, lo que incide en el envejecimiento básicamente, es la caída de la fecundidad, y posteriormente la mejora de la mortalidad. 

¿Cuándo, más o menos, empezó la mejora?

En Uruguay ya la población estaba envejecida en el 63, ya estaba envejecida mucho menos que ahora, pero de acuerdo a los estándares internacionales, la proporción de personas mayores de 60 era cerca del 10%.

No se puede decir mucho, pero es verdad: bajamos de los barcos, los uruguayos tienen las tendencias similares a Europa. Pero de lo que venía contando hay que observar que el envejecimiento también se debe a una mejora en la esperanza de vida. Porque, a veces, los discursos natalistas no reconocen que esto es una buena noticia. 

La preocupación no debería ser moral, sino cómo las políticas, la cultura, el ambiente, la forma en que percibimos y nos adaptamos a lo que nos está ocurriendo. Y que algunas tendencias no son reversibles o se pueden cambiar porque se nos antoje. O porque haga una política para obligar a tener más hijos, pero si le puedo dar una casa para que, si lo desean, puedan hacerlo.

Porque hay sectores que sí quieren tener hijos pero se enfrentan a barreras de tipo económico, por eso también. La fertilidad ha bajado a ritmos desconocidos también, en los últimos 10 a 15 años, por ejemplo. Y es una tendencia global. Salvo África Subsahariana. Hace cinco años atrás en Colombia eran 5 hijos por mujer y ahora están cerca de dos por mujer. Ahora, actualmente, están casi en uno. Se bajó a cinco, se bajó a cuatro y después a uno en quince años. En Costa Rica, Chile y en Uruguay. 

¿Y se estiman cuáles son las razones? 

Bueno uno puede recurrir a la típica respuesta de redes sociales: todo es multicausal. Y, si lo es, es verdaderamente multicausal. Solo que si nos quedamos ahí no estamos diciendo nada. Es una combinación de causas. Y hay preguntas que ni siquiera se están formulando. Porque estamos haciendo preguntas de por qué pasa. Y este momento no es como otros. Creo que la realidad y lo que sucede con las exigencias de la efectividad es una causa.

Primero, antes, había una sociedad cristalizada en los ideales de la familia en varias partes del mundo. Las personas querían tener dos hijos. Bueno, ahora cuando preguntas, muchas veces la respuesta es que al tener uno ya se dan cuenta de los costos, en términos económicos, de lo que conlleva y lo difícil que es compatibilizar el trabajo con la crianza, entonces, aplazan la posibilidad de tener otro o, simplemente, lo descartan. 

También está el fenómeno de parentalidad intensiva, que la paternidad hace mucho tipo de inversión en educación para que nuestros hijos sean hipercompetitivos. Entonces, desean dedicarle también mucho tiempo a esto. 

Las redes también, en ciertos sentidos, son más materiales de consulta que los manuales de psicología. Entonces, a veces, la rutina se traduce en que “tengo que estar tantas horas con los niños, tengo tanto para llevarlo a hacer cosas y no puedo porque tengo que elegir este u otro trabajo”. Son formas de ejercer la paternidad y la maternidad muy exigentes en términos de tiempo mental y sobre todo de ideas de cómo criar a un hijo. Ahora los padres están mucho encima de los niños, constantemente. Eso cambió mucho. Yo me crié jugando en la calle, por ejemplo. Me llamaban para comer porque sabía que estaba en el barrio. 

Tenías posibilidades de desarrollar hábitos en presencialidad.

Era otra sociedad y no había tantos riesgos. Jugábamos en la calle. También la crianza se volvió intensiva. Después además de la crianza intensiva y de las restricciones económicas pesan las renuncias. La principal es viajar. Muchas personas hablan de eso. 

El uso del tiempo.

Claro, mi uso tiempo libre. Pero viajar aparece mucho. Otra razón que aparece mucho, aunque está instalada hace poco tiempo es, ¿vos ves cómo está el medio ambiente? Cada vez hay más personas diciendo que no tienen más hijos para contribuir al medio ambiente. 

Todo responde a cierto deseo social de no querer perderme viajes, el medio ambiente. Pero también hay respuestas auténticas de que realmente les preocupa el mundo y que no quieren tener hijos. Es una frase que aparece mucho: “estoy muy cansada de la humanidad”. Pero, sí, las personas están cansadas de ser humanas. 

También hace diez años que hubo crisis, en Europa a partir del 2008. Las crisis financieras impactaron fuertemente. Además, la decisión de tener hijos es muy meditada. La anticoncepción, una política que se democratizó, fue parte de ese cambio y es enorme. En realidad, la anticoncepción abrió camino para que fuera una decisión que pudiera postergarse y meditarse. También le dio tiempo a los proyectos personales de las personas y la fertilidad es un factor que importa porque existe un límite biológico que cada vez está más corrido. Y la fertilidad, al correrse de años, bueno, existen tratamientos. Lo que pasa es que nosotros creemos que captamos intenciones con las encuestas y los instrumentos estadísticos, también demuestran que hay mucha incertidumbre.

Nosotros confiamos en las cosas que vamos recogiendo y generando nuevas preguntas. Avanzamos en entender, en confiar en la percepción y volver a preguntar o ver qué preguntar para captar más datos. En líneas generales, capt

amos la incertidumbre. Económica y de proyección futura. Y tener hijos es un compromiso eterno.

¿El envejecimiento de la población puede estabilizarse o disminuir en algún punto?

El envejecimiento de la población es algo que va a seguir ocurriendo, porque la calidad de vida va en aumento. Y bueno, hay que ver los efectos. Si las personas viven más y mejor, hay que medir capacidades en salud. Si hay posibilidad de mejoras. Porque de eso no se sabe mucho. 

En cuanto al vínculo del envejecimiento y la baja natalidad, ¿cómo incide en esa estructura el aumento de la monoparentalidad- familias con una sola jefatura?

El efecto más importante del envejecimiento es un efecto de la población que envejece. Uno de ellos es el aumento de los hogares monoparentales de mujeres solas y viudas. Ese es el efecto de que las mujeres viven más. Antes se les decía nido vacío. 

También hay una proporción de personas que viven solas y tienen 25 años. Pero el grueso de los hogares monoparentales está compuesto por personas mayores solas y, en particular, mujeres. También hay parejas que conforman parte del postergar tener hijos en soledad. O de personas con posibilidad de tener pareja que están solas. 

También hay hogares monoparentales por personas que se separan. O sea, todos estos efectos tienen que ver con las pautas. Las personas podrían decidir ir a vivir en un lugar colectivo. Pero no son las pautas de convivencia de la población. 

LA MONOPARENTALIDAD Y LA POBREZA

¿Estas pautas ocurren en todo el mundo?

Cambia según la clase social. La fecundidad cayó para algunos sectores, los menos favorecidos, también porque hubo una reducción en el embarazo adolescente. La fecundidad adolescente estaba concentrada en chiquilinas con menos educación, en barrios pobres, con situaciones complicadas y muy vulnerables. Esa fecundidad era inexistente en los barrios de la costa y muy alta en los barrios de la periferia. Aún persiste esa distancia. O sea, 22 mil nacimientos en la adolescencia siguen ocurriendo en los barrios con menos favorecimiento.

¿Cuánto representa ese embarazo adolescente en la fecundidad general?

En cantidad de nacimientos anda cerca de un 5 a 6%. La fecundidad se mide desde los 15 hasta los 49 años. Hay medidas sobre ese tipo de fecundidad porque sobre este fenómeno hay preocupación, ya que en algún momento fueron una preocupación los embarazos no deseados. Que esta población haya decrecido es una excelente noticia. Sucedió también que la cantidad de hijos por mujer disminuyó porque los niveles de fecundidad han bajado. También las mujeres jóvenes y con menores niveles educativos bajaron en fecundidad. No es lo mismo empezar a tener hijos a los 25 años que a los 17. Las trayectorias son todas muy distintas.

¿Y dónde se concentra la población que más tiene hijos? ¿En qué edad?

De los 24 a los 35 años. Esas son las edades centrales y se corrió lo que antes estaba también en la población de las más jóvenes, de 15 a 23 años. Entre las mujeres mayores hay un cambio porque logran controlar la cantidad de hijos que tienen; o sea, las mujeres que tenían 35 años ya tenían tres hijos, pero si no querían el cuarto, lograron controlar eso. La fecundidad se concentra en términos sociales: la pobreza infantil es mayor en los barrios de los sectores más vulnerables, en las zonas más pobres del país o de la ciudad. Las universitarias comenzaron a tener 1.3 hijos en promedio. Las que habían terminado el ciclo básico antes tenían tres hijos y ahora tienen uno. Entonces, hay un cambio en la fecundidad.

Me parece que la demografía no está tan visualizada para el diseño de políticas.

Está, pero si buscás en la prensa vas a encontrarte con que nos preguntan a mis compañeros y a mí, y todos decimos lo mismo hace muchos años. Juan José Calvo, por ejemplo, que estuvo en Naciones Unidas, dice lo mismo. Y no importa, porque hay siempre como una esperanza. También la izquierda tiene esta idea de que hay algo muy triste y decadente en que las personas no tienen hijos. Empezó a ser una preocupación, y está bien que lo sea, pero la preocupación tiene que ser que la población envejeció. Me toca preocuparme de esta forma que adquirió la población: ¿qué problemas tienen hoy, qué problemas van a tener mañana y qué problemas vamos a poder solucionar?

El cuidado siempre es uno. Lograr que las personas tengan vidas más sanas es muy importante porque en las otras sociedades las edades de retiro son más altas y para eso se necesita salud. Se necesita pensar en trabajos adecuados a personas que están en una etapa de la vida donde quizás no aprenden tan rápido pero tienen otras habilidades. ¿Cómo aprovechar las habilidades de las personas que todavía quieren trabajar? Con la reforma jubilatoria aumentó la edad de trabajo. El que empezó a los 16 años y se quiere jubilar a los 60 no puede más porque probablemente trabajaba en algo exigente físicamente o poco sano. Esas personas tienen que tener derecho a decir: "llegó a los 60 y me dedico a descansar". Pero hay otras personas que terminaron la carrera de medicina y a los 28 todavía no habían trabajado, y esas personas probablemente quieran y tengan condiciones de trabajar más.

Si la esperanza de vida aumenta, hay que pensar en un mecanismo para que la gente esté saludable. La mayor parte del empleo en los países europeos creció entre las personas mayores con políticas compensadas: trabajos de menos horas, cosas para hacer que tienen que ver con aportar a los problemas de seguridad social. También hay que ver cuántas mujeres no están trabajando y quieren hacerlo pero están cuidando hijos. Lo que decís es para tratar de tener más población activa y hay formas de hacerlo sin que sea lesivo para las personas. Si tenés 70 y querés seguir trabajando, podés. Acompañar el cambio demográfico y no intentar conducirlo. Porque no lo va a poder conducir; lo que sí puede conducir es mejorar la salud de las personas y la prevención.

Fui a Japón hace unos años y es tan diferente la dieta y la ciudad. Ves personas de 90 años andando en bicicleta. Toda la ciudad está pensada para que la gente pueda moverse, con veredas sin irregularidades. Yo resolvería primero que nada el problema de la gente en la calle, pero ese es otro tipo de problema.

¿Cuándo comenzó esto de los hogares monoparentales y qué tipo de consecuencias demográficas tiene?

Las mujeres con hijos solas son una constante histórica por distintos motivos. Primero porque enviudaron. Lo que pasa es que no se llamaban hogares monoparentales porque es una categoría más sociológica para pensar cómo se sostienen. Se pensaba en el modelo de los años 50 con un varón proveedor, una mujer y los hijos. Si el varón no está, ¿quién provee? Sobre eso están basados los temas de seguridad social. Pero eso ya no tiene vigencia porque las mujeres trabajan y cuando hay una pareja generalmente hay dobles aportantes.

La preocupación es sobre todo de la política social porque sí son hogares más pobres. El hogar monoparental tiene hijos por definición, si no, son hogares de personas solas. Antes las jefas eran viudas; ahora la mayoría son separadas o divorciadas y, en menor medida, soleras. Esos hogares enfrentan dos dificultades: una es que si la mujer no trabajaba porque dependía de un ingreso masculino, ya no lo tiene. A eso se suma que se espera que los padres transfieran ingresos al hogar donde quedaron sus hijos, que en el 95% de los casos es con las madres.

¿Qué es lo que pasa? Si los padres no transfieren, qué es una proporción alta... Nosotros tenemos datos de encuestas poblacionales representativas desde el 2001. Hay trabajos que muestran que esa proporción es muy alta: más del 50% de los hombres no transfieren dinero. Lógicamente no ocurre que las mujeres sean las obligadas porque los que estaban comprometidos con el sostén económico eran los varones. Se van y una parte de esos varones directamente deja de estar comprometidos.

Según la ley, deberían transferir por lo menos hasta los 18 años y, si no trabajan, hasta los 21. Esos hogares pierden un ingreso. También tiene que ver con que hay pocos ingresos del lado de los varones, el varón que se fue también tiene dificultades para sobrevivir y eventualmente tiene nuevos hijos. Es complejo. No es decir que los hombres no pasan simplemente porque no quieren a sus hijos. Es verdad que las mujeres que se quedan con los hijos dejan de comer ellas para que coman los hijos, se ocupan.