La economía es una ciencia social, lo que significa que es inexacta y que los ministros de Economía se equivocan en sus proyecciones. Según Espino, existen dos formas de mirarla: desde una perspectiva feminista y bajo la lógica del desarrollo económico, el foco de la economía debería estar en las personas y no en el valor de la moneda, el déficit fiscal (la diferencia entre los ingresos y egresos del Estado), ni en cómo el precio del dólar condiciona la devolución de los préstamos históricos que ha tomado Uruguay para sustentar políticas públicas. Señala, además, que en la economía predomina una visión «heterodoxa» que mantiene ciertas variables como sagradas, entre ellas el déficit.
En Uruguay, por cada 100 hombres en situación de pobreza hay 154 mujeres. En 2024, las personas en situación de pobreza alcanzaron el 17,3 %; si este resultado se analizaba por género, la cifra aumentaba un punto porcentual. Al analizar la economía con foco en las personas, también se pueden observar las características del hogar pobre: en los hogares con jefatura femenina la pobreza sube al 16,1 %, mientras que en los de jefatura masculina el porcentaje es seis puntos menor. Los hogares monoparentales (madres solteras y viudas) han sido una constante en la trayectoria demográfica y, por lo tanto, económica que constituye la pobreza en Uruguay.
Si se continúa observando la economía centrada en las personas, también se puede analizar la edad de la población pobre. Allí el porcentaje se dispara en las infancias, alcanzando al 30 % de las existentes en Uruguay: uno de cada tres niños, lo que representa, según Espino, el porcentaje más alto de América Latina y una prioridad de campaña para casi todo el sistema político.
Según las proyecciones del actual gobierno mediante la Rendición de Cuentas, se aumentarían las transferencias priorizando a la primera infancia (de 0 a 3 años). Espino aseguró que, en esa franja, el incremento llegó al 50 %.
¿Existe un vínculo directo entre la monoparentalidad, la existencia de hogares en su mayoría, liderados por mujeres y la infantilización de la pobreza?
Un vínculo hay. Empecemos por el mercado laboral. La mayoría de las desigualdades de género es la falta o la insuficiencia de ingresos que tienen las mujeres. En algunos lugares se lo denomina falta de autonomía económica o autonomía relativa de las mujeres de una sociedad como esta, donde los medios de vida y la vida cotidiana se resuelven con ingresos. Esta situación está vinculada a que hay menos cantidad de mujeres en el mercado laboral, y tienen salarios menores. Se conoce como segregación laboral, ya sea horizontal o vertical. Las mujeres suelen ser enfermeras, maestras de iniciación y los hombres suelen estar vinculados o a la construcción o a la industria. Pero las mujeres sufren eso, una segregación vertical y otra horizontal, en el acceso y dentro de la misma ocupación.
Usted dice que hay una diferencia en los ingresos, ¿también hay un aumento de la informalidad en el empleo?
La informalidad en el empleo de las mujeres, a diferencia de otros países de América Latina, por ejemplo, no es un rasgo tan importante o diferencial en relación con los hombres. Algunas actividades, sí, son sumamente feminizadas como son el servicio doméstico donde hay una informalidad muy grande: más del 50%.
En términos generales, no había tanto. Es más, en la comparación internacional Uruguay tiene un mercado laboral con una informalidad relativamente baja con respecto a la de otros países. Ahora, dentro de estas razones para que las mujeres tengan un salario menor a los varones es el acceso a los puestos de trabajo. Porque, eso, el sector del servicio doméstico, si bien está vigilado, es un trabajo bastante informal, con horas mensuales. Las limpiadoras suelen trabajar típicamente tres días a las semana o pocas horas.
Ahí está el problema, porque las mujeres que tienen ingresos menores, tienen menor disponibilidad de tiempo, porque por lo general las mujeres nos ocupamos de personas dependientes. Niños, niñas, adolescentes y los ancianos y ancianas, son las poblaciones de las que se ocupan las mujeres. Esto hace que no tengan tanto tiempo disponible como para incorporarse al mercado laboral. El 13% de las mujeres en Uruguay no tienen ingresos propios. En el caso de los hombres esta cifra desciende al 7%.
¿Qué edad tiene ese 13% de la población sin ingresos?
Son jovencitas. Atienden hermanos, hermanas y se hacen cargo de la casa. Si son más grandes o, un poco más grandes, ya tienen hijos propios. Muchachas y mujeres a lo mejor no terminar de estudiar porque se dedican a esas tareas, son mucho más vulnerables al fenómeno de la pobreza.
Y la mayoría, sin embargo, oficia tareas de cuidados.
Sí, y además de esa situación tenés a niños entre 0 a 14 años, considerados población inactiva, la niñez se mide en 15. Entonces tenés monoparentales, hogares donde hay jefas mujeres. Tienen mayor participación dentro de los hogares pobres que en el resto de los hogares. Si te das cuenta, las mujeres ganamos menos, si tenemos que hacernos cargo de los cuidados, entre los pobres somos las más pobres.
¿Siempre fue así o es una tendencia?
Siempre fue así. Las desigualdades de género son de carácter estructural. Así como hay desigualdades de clase, para los ricos y pobres, las desigualdades de género las aportan todas las sociedades. Y son las más estructurales, las más históricas. Con una agravante y una característica: los hogares donde hay mayor participación de niños son los hogares más pobres. Es decir, las mujeres pobres mayor cantidad de niños por núcleo familiar.
Las mujeres que no pertenecen a hogares pobres estudian más años, tienen maternidades en edades mayores y tienen menos hijos. En cambio, los hogares más pobres son de jóvenes mujeres que tienen hijos. Falta educación sexual, hay una idea de la maternidad y desconocimiento y machismo. Y tenés todos estos factores juntos cuando mencionas la infantilización de la pobreza.
Son tendencias históricas, no son iguales en toda la sociedad. O sea, no son naturales, no es natural que una mujer se quede en casa y el hombre salga. Son tendencias que han ido cambiando. Mi abuela seguramente vivía muy distinto a la forma que vivo yo. Sin duda, las mujeres de Irán viven distinto a como vivimos nosotras, o las de Afganistán. Son culturales también. Pero sí, siempre fue así, con una agravante o característica: en donde hay mayor participación de las infancias es en los hogares más pobres. Está relacionado a que las mujeres que no pertenecen a los hogares pobres estudian más años, son madres a edades mayores y menos hijos. En los hogares pobres, tenés jóvenes que comienzan a tener hijos en edades tempranas. Muchas veces tiene que ver con factores culturales, con el sentido que le damos a la vida, lo que puede dar la maternidad y también ignorancia, desconocimiento y el machismo.
¿Falta educación sexual?
Falta educación sexual. Entonces tenemos todos los factores juntos acá para que ocurra el fenómeno al que llaman infantilización de la pobreza. Que lo que quiere decir que los niños son un porcentaje mayor de pobres dentro del resto de las personas. Es un tema que preocupó mucho a la sociedad uruguaya.
¿Siempre? ¿Es un fenómeno nuevo? ¿Empezó a estallar ahora? ¿Fue una priorización de todas las campañas? ¿Cómo fue el proceso?
Siempre fue así. Pero cada día se nota más. Primero por factores demográficos: la reproducción biológica y social se va diferenciando entre el rico y el pobre. También porque para muchas mujeres el mundo ha ido avanzando. Entonces pudimos estudiar en la Universidad, tener buenos trabajos, pero otras se quedaron en el camino.
Y, bueno, esto ya es opinión. A mí me parece que, para los actores políticos, era un punto al que se podía llegar a una sensibilización. Además, Uruguay tiene una representación de las infancias entre los pobres, mayor a casi todos los países de la región.
Nosotros tenemos una reproducción que es insuficiente para reproducirnos como sociedad, el crecimiento de la sociedad está absolutamente quedado. Tenemos muchos viejos y viejas, que es una virtud, pero tenemos menos infancias.
¿Entonces la sensibilidad en todo el sistema político ocurre por ese factor demográfico?
A mí me parece que sí. Y porque en comparación al resto de América Latina, si bien es aceptable el nivel de pobreza de un 16 a 17%, existe una sobrerrepresentación de los niños pobres del 30%. Eso creo que sensibiliza.
Pero a mi me gustaría comentar que la pobreza no es un fenómeno solamente monetario.
Justamente, me gustaría consultarle sobre la unificación de las políticas de transferencia. En esto de que las cuatro prestaciones se van a unir en sólo una, ¿qué representa para usted? ¿Es un facilitador?
Desde el punto de vista administrativo es más sencillo, que se ahorra trabajo tanto la gente como el Estado. O sea, es más eficaz. En eso yo concuerdo que es más eficaz. Son relativamente altas, además.
En esta Rendición de Cuentas, se incluyó un aumento del 80%.
Sí, para los más chiquitos y de menores ingresos, que suelen ser las personas que están en peores condiciones de pobreza o por debajo de la línea. En términos de ingresos. Pero antes de evaluar el aumento, que es una solución monetaria, hay que decir que pobreza es no tener una vivienda adecuada. Hay un conjunto de factores que hacen a la pobreza. Como lo decía al principio, en esta sociedad, para alcanzar el bienestar tenés que tener plata, en términos de obtener mercancías o productos.
Las transferencias monetarias comenzaron a desarrollarse en América Latina y, en un principio, fueron conocidas. En Uruguay, comenzaron alrededor de 2005, fueron muy discutidas, desde distintos puntos de vista y, tal vez, con razón por tratar de que eso no fuera asistencialismo. Uno debería darse cuenta de que las cosas, sólo con plata, no cambian.
Ahora nuevamente se comenzó a debatir eso ¿no? La condicionalidad a la hora de realizar transferencias.
A nivel discursivo, el relato siempre se agrieta ¿no? Porque si bien, existe un sector que sostiene que hay que profundizar en las políticas públicas y apuntar a la pobreza estructural, del otro lado tenés un discurso que sostiene que los pobres usan la plata de las transferencias para comprar whisky. La discusión no se profundiza, ¿no?
Si. Son prejuicios y esa discusión se vuelve eterna. El dinero que se ha gastado en la política transferencial en Argentina, en Uruguay, en Chile, en Brasil, ha sido enorme. La conclusión de la mayor parte de los estudios es que la gente usa la plata para comer y para lo que necesita. No para comprarse vino.
La otra discusión es más filosófica. Y tiene que ver con la concepción de derechos. Si tengo que decir en que tenés que gastar la plata, el debate no es que el Estado tiene que asegurarte plata para vivir. Que es discutible.
Después está la otra discusión que planteabas, que tiene que ver con cómo diseñás y administrás las políticas de transferencias para abatir la desigualdad.
El gobierno sostuvo que con las transferencias se alcanzó una disminución del 25%.
Sí, pero es entre los más chiquitos, de 0 a 3 años. Ellos priorizan esas dos cosas: los deciles más bajos y a los más pequeños. Porque, aparentemente, en los primeros mil días de la vida de los seres humanos, es cuando vos podés asegurar la trayectoria de vida.
Se juega ahí el partido.
Sí, porque es en esos momentos en los que podés asegurar un desarrollo más sano. Pero para alcanzar esa estimación del 25% tendrían que pasar muchos años, cuando esté desplegado todo el sistema. Recién ahí disminuiría ese porcentaje.
Y es también, si queda todo como está ahora. Porque si viene una crisis espantosa y aumenta el desempleo, o si hay un boom de las commodities, el escenario cambia y cambian los porcentajes. El salario también es otro factor. Pero son mejoras, para liquidar el tema de la pobreza tenés que mover todo junto. Esta es una medida, y para mi gusto, está bien. Desde el punto de vista económico es una apuesta al futuro. Pero es como si no vieras otras cosas en la vida del ser humano.
Porque las personas, en la medida que vos las cuidás y les das de comer, o levantás el desempleo, tienen mayor productividad, contribuyen al crecimiento de la economía. Eso es si se pone en juego ese economicismo. Ahora, si lo analizas desde otro punto de vista, la idea es obtener derechos para que la vida valga la pena ser vivida. Ahí entran en juego otras polémicas: focalización versus universalismo.
Hay países como Chile que eligen focalizar. Que es preguntarse a quienes, de todos los pobres, según qué características les brindas ayudas. En los países desarrollados las políticas son para todo el mundo. Esto que hace Uruguay es ponerse en el medio. Es decir, con una voluntad de universalización, pero atendiendo las emergencias.
¿Hay en algún país donde no se apliquen políticas de transferencias para las infancias? Porque en estos países que usted mencionó, en todos hay una transferencia.
En Chile hay, en Argentina hay, en Brasil ha habido programas gigantescos de transferencias. Y en general las evaluaciones, las hacen el Banco Mundial, el BID y no los gobiernos.
Es que ese conjunto de transferencias sirve para que la gente salga de ciertos niveles de pobreza. Ahora, creo que son insuficientes. Porque la pobreza no es un fenómeno monetario y si vos solamente entregaras dinero y le pusieras condicionalidades o contraprestaciones, como escuché que le dicen, por un lado, estarías haciendo un uso discriminador de esas transferencias, diciéndole a la gente, yo te doy tanto, pero vos me tenés que dar tanto o tenés que hacer tal cosa.
Por otro lado, ¿qué hacés? Si no lo hacés, ¿qué le sacás? Entonces, frente a eso, lo que hay que tener es un conjunto de políticas.
Entonces vos tenés que tener políticas de empleo, tenés que tener políticas de género, es decir, que, por distintos lugares, enfrentes a las desigualdades de género, que son...
Estructurantes de la situación.
Estructurantes, claro. Y políticas educativas. Entonces, si vos tenés una batería de políticas que acompañe a la gente en todo eso, y una muy importante, que es un sistema de cuidados realmente eficaz y eficiente. Los cuidados repercuten también en esto de los ingresos, del trabajo no laboral, en el acceso a ingresos formales también.
Pero, además, si vos asegurás que los seres humanos desde que nacen tengan derecho a acceder a cuidados de calidad, bueno, empieza también por ahí la desigualdad, o la igualdad. No todos nacemos con las mismas posibilidades de que nos educen, ni que nos den la vacuna, ni que nos lleven al médico. Con el sistema de cuidados avanzás. Hay cosas que se han hecho como la universalización para los de cuatro años, o en la escolaridad...
El director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Rodrigo Arim, sostuvo que se priorizó el cuidado en esta Rendición de Cuentas, también.
Exacto. Hay una priorización ahí también. A mi me parece que el sistema de cuidados ha sido bien visto por la región y el mundo entero. Pero no se pudo desplegar todavía. Todavía está muy limitado por un problema de recursos financieros.
A mí me parece que hay que decirlo. Porque se habla aquí de la vivienda, se habla, ¿no? Con relación al empleo, pero ya tenemos un sistema de cuidados que supone que desde que los chiquitos nacen podrían tener acceso a cuidados de calidad en la salud, en la educación, en el prestamiento, en todo lo que hacen. Así que me parece que eso está destacado, sí.
Siempre se debate sobre la integralidad que tienen que tener las políticas públicas para combatir la desigualdad, pero por el momento el camino es el de las transferencias. ¿Se debería priorizar, en esta batería de políticas, alguna sobre las otras?
Creo que tienen que ser conjuntas. Porque si no ayudas a los hogares a resolver los problemas de empleo. ¿Qué va a venir? Tenes que resolver el problema del desempleo con programas de capacitación. Uruguay tiene experiencia en eso, la Intendencia de Montevideo desarrolló el programa ABC. Y apuntó a dotar a las personas con herramientas, para que usen una computadora, sepan sobre administración. Las personas creen que dotar de herramientas es que las mujeres salgan de su casa un rato a conversar con otras, pero la ayuda debería apuntar a que sepan estructurar su vida. Que puedan ir a una policlínica y les arreglen la boca. Y todas esas cosas que sirven para socializar.
Socializar para las mujeres es super importante.
Hay un desconocimiento de las herramientas que existen, entonces.
Hay desconocimiento. No hay llegada territorial tampoco. La llegada territorial es muy importante, pero no tanto porque la gente los desconozca, sino porque no está el impulso profesional. Hay muchas cosas que no se hacen por vergüenza. Como no sabés cómo expresarte, no sabés tampoco qué necesitas. Entonces, el estado debería trabajar en acompañarte. La llegada territorial es super importante.
Hay que trabajar en la proximidad de las políticas para tener servicios de salud y atenciones básicas en los territorios. Que la gente sienta más proximidad. Que las cosas estén en tu barrio. Que se diagnostique la demanda que hay para cuidado infantil y su oferta. Y cómo la formalizás, también, porque la oferta del cuidado infantil también es informal. Es decir, el cuidado puede estar en manos de una señora que en su casa cuida a cuatro o cinco infancias. También ocurre con la vejez.
Lo principal es lograr que las necesidades se transformen en demandas y en reivindicaciones claras para las autoridades y el Estado. Trabajar fortaleciendo las comunidades, en la comisión de escuela, en la comisión de barrio, en el club social, fortalecés “el qué queremos” y cómo podemos hacer las necesidades más claras para el que mira desde arriba. A veces, las ideas de las autoridades no responden exactamente a lo que las personas proponían.
Además, en esos barrios hace falta vida pública, ¿no?
Eso, exactamente.
Pero nuevamente hablamos de transferencias y si bien se instaló la medición de la pobreza multidimensional, no se debate la integralidad de las políticas. Existe una dispersión también en las herramientas y en los discursos. Con estos elementos sobre la mesa, ¿cómo se construye una política pública efectiva? ¿Qué elementos son indispensables para combatir y caracterizar la pobreza?
La pobreza ha mostrado una tendencia creciente, la monoparentalidad, también. Las jefas de familia han aumentado por diversos factores, como el aumento de los divorcios, la disminución de los casamientos, las parejas son más inestables. Las mujeres que tienen algún poder de decisión son las que han estudiado, las que tienen empleo y tienen menos cantidad de hijos.
Para que las políticas tengan efectividad deberían atender las inseguridades de género, a la vulnerabilidad económica de las mujeres. Que ellas las mujeres logren tener un soporte para sí mismas y para la sociedad. Debería tener en cuenta el territorio y su comunidad, que existiera efectivamente un diálogo entre ambos. Y creo que estos temas deberían ser el centro de la discusión.
Porque la política debería basarse en una convicción: que la reproducción social, la reproducción biológica y social es una responsabilidad de todas las personas, de todos los varones y de todas las mujeres, del sector privado y del sector público. No es algo de lo que solo tienen que hacerse cargo exclusivamente las mujeres o los hombres. Entonces para conocer las necesidades de la gente, hay que ver la vida a través de la lógica del cuidado. Pero el cuidado amplio y pleno.
Haciéndonos todos cargo, entonces.
Sí, más aún, el pensamiento marxista que señala que la reproducción social, para apuntalar al capitalismo, el capital se tiene que reproducir y la sociedad también. A través de la reproducción de las generaciones mejorando su fuerza de trabajo, mejorar sus capacidades de relacionarse, para tener ciudadanía, para consolidar la democracia. Hablamos de políticas sociales y de protección social, pero también hay que hablar de macroeconomía. El debate sobre esta última se transforma en quién paga impuestos, en que si hay inflación, en que si se van a desarrollar las industrias. Sin embargo, es en el área de la macro donde se empieza a distribuir la riqueza, donde se distribuyen los ingresos. Los ministros de Economía hablan de lo macro como si la economía no se juntara con la política social.
O sea que, a los ministros de Economía, le falta barrio.
Y sensibilidad social. Sobre todo falta una perspectiva feminista de la economía, pensar que los impactos de la macro no es neutral. Tiende a pensarse por algunos en que si vos hacés una política macro, el país va a crecer y derramar. Pero si se va a distribuir como se vienen dando, va a reproducir la desigualdad. El crecimiento no asegura que la desigualdad desaparezca, al contrario, puede reproducirla cada vez más.
Tampoco hay cifras oficiales o se mide estatalmente cómo se produce esa acumulación o concentración de la riqueza.
Claro, y fíjate que también perjudica, ¿no? Igual, creo que este gobierno hace algunos intentos de poner algunos impuestos en algunos lugares.
¿Es difícil igual instalar un debate, por ejemplo, en esto del 1% de la propuesta que hizo la Central Sindical? ¿Cómo ha visto el proceso?
Creo que políticamente es difícil. Políticamente es difícil porque forma parte de una narrativa de que vamos a ahuyentar y a sacar corriendo a los inversores, toda una serie de cosas estúpidas que no son así. Definitivamente no lo son. El problema es que hay una narrativa que puede asustar a los inversores cuando se colocan esos temas; sin embargo, hay otros lugares para tocar.
Se han hecho algunas cosas, por ejemplo, disminuir el IVA para ciertos tipos de gastos en determinados grupos sociales o disminuir lo que se conoce como gastos tributarios, es decir, una serie de exenciones que se les van dando a las empresas y a los capitales. El asunto es que ahí nadie controla qué hicieron con esa exención: si efectivamente contrataron más personal o si invirtieron más. En cambio, a los pobres sí se les controla si tomaron vino o no.
Entonces, me parece que hay de dónde cortar. Si hubiera un buen Estado... Además, existe una plataforma latinoamericana para ver qué posibilidades hay de negociar impuestos. Porque, claro, ¿qué pasa? Si en Argentina o acá ponés un impuesto un poco más alto, el capital, que es absolutamente móvil, se va hacia al lado. De hecho, nos ha pasado con Paraguay y Argentina. Si tuvieras una cierta unidad y algunos criterios comunes, eso ayudaría a que cuando los capitales vengan... Porque, además, algunos vendrían igual; lo que pasa es que Uruguay no está dando una situación prioritaria. Tampoco hay un estudio riguroso sobre las exoneraciones. Hay algunas cosas, sí, pero no como rutas oficiales que te permitan ir a un documento donde se explicite si tal exoneración sirvió para producir un impacto real. No lo hay. Las empresas se van. Parece que funcionáramos bajo la lógica de exonerar a la gente para el apoyo personal y nunca se ven los resultados. Macroeconómicamente estamos captando inversiones, pero bajo esa tesitura política de no dejar de otorgar estas facilidades.
¿Una visión más micro qué sería? Para que no se vea la macro economía, esa perspectiva que abarca las partes más generales de la economía: empleo, crecimiento económico, precios y valor de la moneda, equilibrio entre el pago de la deuda del estado y el aumento de esta dependiendo del dólar, ¿cómo podría articularse?
Creo que no se trata de no mirarlo macroeconómicamente, sino de entender que la macroeconomía que se implemente va a incidir en si se tienen más o menos fondos para la política social, y en si se reproduce o no la desigualdad. Es decir, sí tiene que ver. Tomemos como ejemplo visual, porque es una locura, la ley argentina: ellos, para no tener déficit y de esa manera disminuir la inflación, lo que hicieron fue frenar en seco la inversión del mundo. Es obvio que si sacás toda la plata del mercado no va a haber inflación, ¿pero a costa de qué se tiene que ajustar la gente? En ese sentido, hay que considerar que la macroeconomía tiene impactos sociales en todas las personas y que no puede contribuir a aumentar las desigualdades.
No existe el crecimiento con cualquier política macro. Es decir, se puede sostener el crecimiento con cualquier política macroeconómica, pero eso no significa que la sociedad sobreviva. A veces el crecimiento es momentáneo y no se instala. Por ejemplo, en los países que tuvieron un desarrollo al estilo asiático, con mucha mano de obra, el crecimiento se dio sobre la base de salarios bajos debido a la gran oferta laboral que existía. Ahora, en el camino pasan cosas. En el caso de Uruguay, nos sostenemos más que nada con recursos naturales, porque no tenemos la capacidad de negociación de países como Perú, que cuenta con metales, oro y petróleo. Ellos tienen más capacidad de negociación, pueden extraer beneficios de ahí y crecer. Ahora, si eso que extraés se queda concentrado, por arte de magia no vas a mejorar la vida de las personas.
En esto que estábamos hablando, otra de las cosas que se pone en la rendición de cuentas es el déficit, que en las últimas tres décadas pasó del 15% del PBI al 30%. Siempre está la discusión de si se tiene que ver de manera negativa o no, o si es parte de la naturaleza del Estado.
Claro, a ver. Ahora se ve como algo negativo porque fue el resultado de una decisión tributaria. Vos creías que ibas a contar con cierta cantidad de recursos y resultó que no, que no había todo lo que se decía porque se habían dejado pagos atrasados, etcétera. Sin embargo, hay que convivir con el déficit; el tema depende de qué es lo que lo provoca. Si el déficit se genera porque te endeudaste para comprar armas, por citar un caso, ese déficit no te trajo nada bueno y va a ser un problema porque estás desequilibrando la economía.
Siempre se convive con cierto nivel de déficit, el asunto es de dónde sale y para qué lo usás. Hay países que son grandes deficitarios. Estados Unidos, por ejemplo, siempre ha tenido una balanza comercial absolutamente deficitaria y funciona tranquilamente. Yo creo que ahí hay mucho de narrativa y de ideología, y de una ideología muy cuadrada. En la corriente principal de las ciencias económicas está instalada la idea de que no se debe tener déficit, que eso es lo que produce la inflación y que para evitarlo hay que limitar el gasto. Son una serie de recetas absolutamente ideológicas que han penetrado mucho, tanto en la economía ortodoxa como en la heterodoxa. Yo creo que el actual es un economista heterodoxo, sensible y progresista, pero hay muchas ideas de la economía ortodoxa que también le han penetrado y le quedaron instaladas en el chip.
Es una forma distinta de ver las cosas. Está la forma clásica de ver la economía y otra forma más centrada en las personas. Las feministas decimos que la economía debe estar centrada en las personas y que el objetivo no puede ser la acumulación de capital, sino la sostenibilidad de la vida. El sentido de todo esto debería ser que cada vez vivamos mejor, pero lamentablemente no lo es.



